Ana Guebel (Buenos Aires, 2002) es poeta y estudia Filosofía en la UBA. Publicó la plaqueta Más lindo que mentir (Ascasubi, 2023) y el libro de poemas Accidente y milagro (Simetría Doméstica Literatura, 2024) sobre el cual habló con Vayaina Mag.

¿Hablamos del —tan atractivo— título de tu libro Accidente y milagro?
Es casi una concesión el título, ¿no? Después de fabricar certezas y descartarlas, y fabricarlas y descartarlas, hago un buen feng shui mental de los fracasos y, obvio, fabrico también la síntesis. Ni accidente ni milagro, algo.
Muchos de los poemas están cruzados por la idea del tiempo. El primero, por ejemplo, dice: “Que el dolor sea corto es el capricho de una época que no se concentra”
Ay, gracias. Creo que ese diagnóstico es lo que va llevando el libro. La
velocidad que puede ser por desesperación o entusiasmo. Se confunden.
En otro poema hacés una vindicación muy buena del chisme…
Lo del ruido que te salva, sí, es que es la función social del chisme: aturdirse para seguir. Que algo sea necesario no significa que no sea deprimente. Aunque algunos chismes son historias geniales. Un chisme que no podés creer, que atenta contra toda lógica, es la irrupción de lo extraordinario. Eso revitaliza. Como una especie de paranormal normal.

También aparece Buenos Aires como telón de fondo y hay signos de época no solo a partir de los “temas” sino de la elección de palabras, neologismos e incluso en cambios formales. ¿Cuál es tu relación con estas dos cosas?
¿Aparece? No sé, yo amo Buenos Aires, pero creo que estos son poemas de ningún lado, más marcados por tiempo que por espacio. Hay una experiencia enrarecida de ambos. Creo que está bastante la sensación de no tener de dónde agarrarse, de un mundo material demasiado desdibujado, como telón de fondo, claro. Un mundo que ya no existe pero que está ahí, atrás. Coqueteo con la atrofia cognitiva de estar siempre online, la asumo, la disfruto y después me espanto. En el lenguaje está todo. Y en el lenguaje de Internet ya se ve perfecto nuestro update ontológico.
Entre algunos escritores circula el prejuicio de que la poesía es una especie de “pecado literario de juventud”.
Lo joven de la poesía es el estado de deslumbramiento con el mundo. El intento de elaborar algo de eso desde el lenguaje. También el encierro en el yo, que es un problema. Igual pienso que se pone a la poesía en ese lugar de egotismo exacerbado cuando hacer cualquier cosa creativa implica vanidad. Por más que en otras disciplinas no se enuncie desde un yo tan obvio, ser artista es creerte excepcional y joder al resto con eso. Cualquiera podría escribir, pero no todos se tienen en tan alta estima para proponerle al resto que los lea. Me parece insincera la modestia del artista, no la soporto.
¿Cómo y cuándo comienza tu relación con la literatura?
Desde muy chica en mi casa me dieron libros. Después empecé a pedir lecturas de determinadas características y así. Y a sacar de la biblioteca. Me acuerdo de intentar leer los Nueve cuentos de Salinger en inglés a los ocho, nueve años y no entender nada, insistir sobre lo imposible. Volverme loca no entendiendo, haciendo el esfuerzo… me sentía prendida. La obsesión por entender me acompaña, me encanta la dificultad. Creo que más que la literatura a mí me importa el lenguaje. A través de mis padres me quedó muy claro que se está mejor leyendo, que se vive el doble porque el mundo es más vívido después de la lectura. Mi papá escribe para vivir más vidas.
¿Y cómo es escribir con un padre escritor (Daniel Guebel)?
Es una manera más inmediata de saber lo que sabe cualquiera, que hay una tradición que te antecede.

Para cerrar, ¿qué estás leyendo?
Ahora estoy releyendo Diario del ladrón de Genet que me encanta, qué prosa linda realmente. Y siempre quise escribir como Ashbery y Frank O’Hara, gracia e inteligencia. No digo ni que se vea la influencia en estos poemas, no sé la verdad, pero sí que fueron lecturas muy edificantes. Las canciones y poemas de Richard Hell también.
Mis ojeras tal vez sean el cielo de alguien, no el mío
Posar entre tanto cemento
no es ser estatua en un jardín
si todo está hecho de lo mismo
somos hasta lo que odiamos
y las palabras que se oponen
vienen todas del mismo lado
***
Trampa material
La estrella fugaz se prende con el último trago de cerveza
que te obliga a mirar para arriba
Si te vas a romper el cuello
que sea por los símbolos del cielo
sobre todo esta noche que como todas
buscás respuestas donde sea
No hay palabras en todos lados
la materia te rodea sin pedirte permiso
y jugás a simulacros de trascendencia
para cagarte en las exigencias del tiempo
Nena estás por cumplir años y te ponés metafísica
la rapidez de internet no te va a ayudar con tus preguntas
a lo mejor lo único que te hace falta
es aprender a meditar
Suscribite a Vayaina Mag o colaborá con un Cafecito
Nancy Giampaolo es periodista, guionista y docente. Colabora en medios gráficos y es columnista del suplemento cultural del Diario Perfil. Publicó Género y política en tiempos de globalismo (Nomos), Radiografía de la corrección política (Casagrande) y Feminismos, liberación o dependencia (GES). Co escribió el guión de la comedia Caida del cielo y, entre 2005 y 2013 hizo guiones periodísticos en la Televisión Pública. Desde 2021 lleva adelante El Lado C, un ciclo de entrevistas con Diego Capusotto en teatros de Argentina y otros países hispano parlantes.







Deja un comentario