Adriana Ades, psicóloga integral especializada en recuperación de vínculos adictivos, conversó con Vayaina Mag sobre la codependencia y las consecuencias de no tratarla. Ades, que en sus inicios trabajó en la Fundación para la Asistencia de Personas Adictas a Personas (FUNDAPAP) de Inés Olivero y Mónica Pucheu y actualmente es coordinadora de los grupos de autoayuda que lidera Patricia Faur, afirmó que esta adicción actúa como cualquier otra pudiendo generar estragos a nivel neuronal y físico. Asimismo, señaló que ataca tanto a hombres, como mujeres y se puede dar no solo en vínculos románticos, sino también familiares o incluso entre amigos. 

Jael y Sísara, Artemisia Gentileschi, 1620

¿De dónde surge el término “codependencia”?

Tenemos que situarnos en Estados Unidos en los años cincuenta. Se empezaron a observar a las mujeres que esperaban a sus maridos en la puerta de Alcohólicos Anónimos (AA). Hago la diferencia de género porque en esa época, la adicción al alcohol estaba más presente en los hombres. En fin, lo que se empezó a ver es que estas mujeres tenían ciertos patrones vinculares similares. Del mismo modo en que estos hombres eran adictos al alcohol, estas mujeres lo eran a las personas, sus esposos. 

¿Cómo definirías la codependencia?

Es un patrón vincular disfuncional ya que es sufriente. El codependiente de la relación no la pasa bien, pero a pesar de eso, no puede cortar con el vínculo porque es adicto a él. 

¿Existe una sola forma de codependencia?

Hay diferentes tipos de “adicción al amor”. Lo que está presente en todos los casos es la obsesión, el no tenerse en cuenta y la falta de límites. Uno de los tipos más comunes de codependientes son los llamados “rescatadores”. Hay personas que se sienten importantes si pueden salvar a otro. En estos casos, buscan a personas que estén en inferioridad de condiciones con respecto a ellos. Esto les permite ejercer poder de forma externa ya que, por dentro, se sienten infinitamente desvalidos. 

¿Qué ocurre una vez que la persona se recupera? ¿El codependiente pierde interés?

En la psicología, uno tiene que ver cada caso. Pero sí es verdad que hay un miedo a la recuperación del otro porque hay un miedo al abandono. La teoría del apego de John Bowlby dice que existe el apego seguro y el que es perjudicial. Las personas que están dentro del circuito de la codependencia, son personas que justamente han sufrido apego ambivalente o ansioso con sus padres. Fueron niños que vivieron situaciones donde los padres estaban, pero al mismo tiempo, no eran presentes. 

Susana y los viejos, Artemisa Gentileschi, 1610

¿Esta necesidad de ser mirado hace narcisistas a los codependientes?

En cierta medida, sí. Pero la misma carencia afectiva que los hace adictos al amor, es también lo que los hace ser presas de los narcisistas perversos. Digo perversos porque también existe el narcisismo bueno y necesario que todos deberíamos tener. El problema surge cuando es exagerado. 

¿Se puede identificar a un narcisista perverso?

Esta clase de narcisistas suelen ser encantadores de serpientes. Entonces la persona carente se ve embelesada por la sensación que obtiene al ser mirado por aquel otro al que tiene idealizado. Y acá surge otro problema. Porque el codependiente, después de un tiempo de haber conocido al otro, puede dejar de idealizarlo y querer ir en busca de otra persona. Lo mismo va a suceder para el narcisista, teniendo en cuenta que se alimenta de la admiración externa. Cuando eso ocurre, se termina la unión. 

¿Cuál es otra combinación “típica” para un codependiente?

Se ven atraídos a personas con apego evitativo que, tal como lo indica su nombre, son personas que generan sus vínculos a través del evitamiento. Como consecuencia, surge un vínculo desprovisto de autenticidad. Por un lado, el codependiente no se muestra tal cual es porque cree que puede ser abandonado. Es decir, se transforma en lo que sea necesario con tal de agradar. Y por otro lado, el evitativo no tolera la intimidad. Creo que no valoramos lo suficiente la importancia de tener relaciones auténticas. La importancia de tener verdadera intimidad, es decir, de construir un espacio seguro donde se puedan compartir nuestros secretos más sagrados sin que después estos sean usados en nuestra contra. 

¿Por qué crees que sucede eso?

Son varios factores. Uno de ellos es la presión social. Eso lo veo mucho con el tema de la convivencia. Muchos se apuran a vivir juntos y yo siempre aconsejo que se den un tiempo para conocerse. Es importante poder atravesar la etapa del enamoramiento. Freud decía que cuando estamos enamorados nuestro Yo está muy disminuido lo que genera que uno endiose al otro. Entonces la pareja es grandiosa, mientras que el Yo del enamorado se empequeñece. Por otro lado, está el tema de la pasión, elemento que se encuentra muy en la superficie de los vínculos codependientes. Pasión viene de Pathos que es sufrimiento. Esto nos demuestra que la pasión está muy mal entendida. 

¿Qué pensas de las aplicaciones de citas? ¿No son un tanto riesgosas para personas adictas a personas? 

Sí, posiblemente, puedan conocer a muchas más personas a través de las aplicaciones. ¿Pero qué es lo que pasa? Todos en alguna medida y el codependiente aún más, pintan al otro del color que necesitan. Le proyectan todas sus carencias. El tema es que, después de un tiempo, la realidad choca con nosotros y eso puede hacer que el vínculo no perdure. 

Venimos hablando en términos de pareja, ¿pero existe codependencia en otros vínculos?

El patrón vincular de la codependencia se puede dar con amigos, con familiares, con quien sea. En los casos donde el objeto obsesivo es un hijo, se fomenta mucho que éste corte el “cordón umbilical” con sus padres codependientes. Son muy importantes los límites porque generan un marco. Patricia Faur siempre dice que el codependiente tiene roto el termostato y entonces, no tiene límites. 

¿En qué sentido? 

El codependiente es muy demandante. Y es alguien que, como reza el dicho, le pide peras al olmo; le pide al otro lo que no tiene. Se engancha con personas que carecen de los recursos con los que se ilusionan que tienen. Es por eso que en los grupos, se trabaja mucho en el límite. Primero, en decir “no” a uno mismo. El adicto al amor es una persona que siempre está atenta a las necesidades de los otros. Por eso, necesita ponerse primero. Esto es lo que les va a permitir ponerle un límite al otro. 

Madonna con el niño, Artemisa Gentileschi,

¿Se aconseja siempre terminar con los vínculos adictivos o es posible trabajar en ellos?

En la codependencia, si uno ya sabe que hay alguien que te puede volver a “enamorar” de forma perjudicial, lo que se sugiere es contacto cero. Todo esto cambia si hay voluntad de ambas partes de trabajar en crear un vínculo sano. En FUNDAPAP, hemos recibido casos de personas en donde uno o los dos eran codependientes y gracias a la terapia, hoy permanecen juntos. 

¿Cómo funciona eso?

Nosotros trabajamos con grupos de autoayuda. Las personas que comparten vínculos no pueden estar en los mismos grupos, lo tienen que hacer de forma separada. Hasta se prefiere que no coincidan con familiares, ni amigos, ni conocidos. Esto es porque la clave de la terapia es no sentirse juzgado por el otro. De hecho, lo primero que se pide es que no juzguemos, ni demos consejos. Estamos todos en la misma. 

¿Solo la persona adicta al amor es la que debe concurrir a los grupos? ¿Qué sucede cuando el adicto no tiene voluntad de hacer terapia?

Siempre es deseable que tanto el codependiente como aquel que no es adicto asistan a los grupos. Y es aún más deseable cuando el codependiente del vínculo no desea trabajar en sí mismo ya sea por negación o la razón que sea. A la persona no adicta le sirven los grupos para aprender a ponerle límites al codependiente. Y lo que es aún más importante, poder hacerlo sin sentir culpa. 

La famosa culpa…

Sí. La culpa es una enfermedad endémica. Fuimos formateados para sufrir y eso es algo que tenemos que cambiar. De todas maneras, creo fervientemente que la persona que tiene un vínculo con alguien codependiente, tarde o temprano, le pone límites porque se hace inaguantable. Y el primer límite suele ser el distanciamiento para poder mirar con claridad la situación y decidir si se quiere conservar ese vínculo o no. Y si se vuelve, será sin duda desde otro lugar, desde un lugar de respeto. 

¿Cuándo se empezó a abordar el concepto de la codependencia en la Argentina?

Hace 32 años, cuando Patrica Faur trajo de los Estados Unidos los grupos de autoayuda. 

¿Y vos cómo llegaste a FUNDAPAP?

Por un trabajo personal. Me acuerdo que cuando yo comentaba que estaba yendo a grupos por la “adicción al amor”, me miraban como una loca. No se conocía tanto el concepto. Fue muy revolucionario. Al principio, éramos seis en un bar. Cuando empezamos a ser más, comenzamos a ir a la Iglesia del Carmelo. Y hoy en día, FUNDAPAP cuenta con cientos de personas que asisten a terapias no solo con modalidad presencial, sino también virtual para ampliar el acceso. 

¿Cómo suelen llegar las personas a la Fundación?

En general, a través de modelos. El hecho de que una persona haya experimentado la terapia y se haya recuperado, incentiva al resto a hacer lo mismo. Eso me pasó en mi círculo. Uno es modelo en la recuperación. Por supuesto, es un proceso. 

¿Cualquiera puede ir?

Sí. Y una de las condiciones para que eso sea posible es que los honorarios se mantengan bajos. Hay una ideología del servicio. En mi caso, fue tanto lo que recibí que lo devuelvo como servicio en mi función de coordinadora de grupos. 

¿En qué consiste la dinámica de los grupos?

Lo primero que les decimos es que vengan al menos cuatro veces. Porque hay mucho de negación entonces es fundamental que se den la oportunidad. Hay dos etapas. La primera es psicoeducación. Ahí, les brindamos bibliografía sobre la temática. Creemos en que la información es poder. En la segunda instancia, se ponen en común lo que denominamos “pedidos de ayuda”. 

¿Hay anonimato?

Sí, en los grupos solo das tu nombre. Eso es para que todos seamos iguales. Y al mismo tiempo, para que nos mostremos tal como somos, algo que se le dificulta mucho al adicto al amor. Gracias a la terapia, el codependiente cambia la necesidad de agradar por autenticidad. 

¿Cómo puede una persona darse cuenta que es “adicta al amor”?

Más allá de la teoría, uno lo siente en el cuerpo. El sufrimiento del que hablaba al principio es la clave para detectar la codependencia. Y eso te lo dice tu cuerpo. Hay muchas cosas que nos ocurren a nivel físico que nuestra mente ignora y eso puede traer consecuencias nocivas si no se las trata a tiempo. 

Judith decapitando a Holofernes, Artemisia Gentileschi 

¿Hay que darle más importancia al cuerpo que a la cabeza entonces?

La mente muchas veces se equivoca, mientras que el cuerpo no. Pero para poder enfrentar ese dolor que sentimos en el cuerpo, tenemos que verlo cara a cara. Si hacemos otra cosa para distraernos de lo que nos pone mal, difícilmente podamos solucionarlo. Y si no atravieso esto que me aqueja, no puedo construir un límite saludable. Uno de los aspectos que más resalto de la terapia es que uno deja de ser solista para pasar a formar un coro. Y esto hace que el volumen de nuestra voz crezca y que adquiramos fuerza para poder enfrentar aquello que nos molesta.  

¿Por qué la “adicción al amor” afecta tanto nuestro cuerpo?

Esta adicción, como cualquier otra adicción comportamental, afecta nuestros circuitos neuronales y sobre todo el sistema de recompensa de nuestro cerebro. En el caso de la codependencia, la recompensa se obtiene a través del encuentro con el otro. Además, se comprobó que genera mucha más dopamina ir en busca de algo que encontrarlo. Lo voy a ilustrar con el caso de las compras compulsivas. El adicto compra para no sentir angustia. En el momento de la compra, se siente realizado. Pero cuando llega a la casa y ve lo que compró, se desilusiona. ¿Entonces qué hace? Sale y compra de nuevo. Es un círculo vicioso. Es tal la adicción que cuando tienen la tarjeta en rojo, para lidiar con la angustia que eso les genera, ¿sabés qué hacen? Vuelven a comprar. Bueno, la adicción al amor sería lo mismo, pero con personas. En un curso de neurociencia coordinado por Patrica Faur
 y profesionales de la Fundación Favaloro, Patricia dijo que más que codependencia, ella lo llamaría “adicción a la ilusión”. Porque la droga más fuerte para un adicto al amor es la ilusión de que el otro lo va a completar. 

¿En qué afecta la genética?

Más que la genética, de lo que me gusta hablar a mí es de la epigenética, de cómo los vínculos se hacen carne en uno. De ahí, la importancia de poder construir un amor sano. Ciertas situaciones genéticas que traemos se pueden despertar o no dependiendo del ambiente y el tipo de relaciones que generemos. Desde el psicoanálisis, está la pauta de que uno suele elegir la pareja que nos va a permitir jugar el juego que practicábamos cuando éramos niños con la ilusión de poder cambiar el resultado. Es importante entonces percibir cuando se enciende la alarma, cuando uno ve en el otro algo familiar que puede hacer que uno reviva traumas que nos generaron heridas. En los grupos, se hace foco en trabajar esa herida traumática y de darle un sentido al dolor que hemos padecido tanto de niños, como de adultos. Cuando uno le puede dar un sentido, uno puede salir resiliente de la situación y se puede contar otra historia. 

¿No crees que todos somos, en alguna medida, codependientes? Más que nada, en un mundo gobernado por las redes sociales, donde estamos todos compitiendo por un “Me Gusta”.

Es narcisismo, pero es un narcisismo diferente. El codependiente lo que quiere en realidad es que el otro se adapte a sus necesidades. Hay diferentes tipos de dependencia emocional. 

¿Sentís que hay nuevos paradigmas vinculares a partir del estudio de la codependencia?

Una cosa que se ve mucho, y que nosotros en los grupos lo tratamos, es la premisa de que el otro no es tu “media naranja”. Somos dos naranjas pares que nos estamos encontrando. Y también, saber que el vínculo es un trabajo. Pero un trabajo amoroso, con respeto y en conjunto. 

¿Qué ocurre con los vínculos donde hay violencia?

Las personas que sufren violencia pueden no salir del vínculo, incluso si tienen riesgo de muerte, por ser codependientes. No muchos entienden lo difícil que es. 

¿En qué ves la cuestión de género? 

Yo veo de todo en los grupos. Incluso, vienen varones golpeados. Pero sí es cierto que esto es algo novedoso porque hubo un tiempo en donde los hombres no se animaban a lidiar con sus sentimientos porque ellos tenían que ser los “machos alfa”. Por eso, celebramos mucho que cada vez más varones vengan a los grupos. Y del lado de las mujeres, está el tema de la desmentida. ¿Cómo denunciar un vínculo no sano si muchas veces cuando lo hacemos nos tildan de loca? Esto está en los mitos bíblicos. Lilith, considerada la primera esposa de Adán, se niega a obedecer a su marido ¿Y qué le sucede? La ponen en el lugar del demonio. Por otro lado, Eva, que sí es servicial, decide probar la manzana del conocimiento. ¿Y Adán se hace cargo? ¡No! Siempre nos culpan a nosotras. La mujer es entonces la loca y la culpable de todo mal. 

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Miranda Scian es Licenciada en Ciencia Política de la Universidad Torcuato Di Tella donde también dictó clases. Escribe para Noticias Urbanas y acaba de lanzar el newsletter No Hay Con Quien Hablar, junto al escritor argentino Martín Kunik. 


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