Es julio de 2024 y estoy en un Starbucks con Demian. Es un chico de 21 años que pertenece a una comunidad judía bastante conservadora, estudiante avanzado de Economía de la UBA y militante de La Libertad Avanza. Así se define, en ese orden. Me dice que no está seguro de “ser austríaco”, que le tira más la escuela monetarista de Chicago. Me habla de Javier con una veneración que me sorprende, tanto en lo personal como en lo académico. A diferencia de otros entrevistados, no nombra el adoctrinamiento, no está en esa. Me habla bien de sus docentes, me cuenta que Paula Español fue su profesora, que le discutía y polemizaban, y que al final del cuatrimestre Paula le agradeció sus intervenciones porque dinamizaban las clases.

—A mí hoy, te digo la verdad, no me importa más cuanto está un día el dólar, o el otro. Yo sé que el presidente es Milei, que Milei es economista, y duermo sin frazada.

—¿Vos pensás que es un economista brillante?

—Sí. 

Le digo que quiero preguntarle algo, que no es para contrariarlo sino para entenderlo mejor. Le pregunto por qué cree eso, si Milei no frecuentó los circuitos habituales de los “economistas brillantes”, como un doctorado en una universidad prestigiosa, los organismos internacionales o las consultoras importantes. Que no es como sus profesores de, justamente, la UBA. 

Foto: TELAM

Me dice que hay muchos economistas brillantes que se vendieron al mejor postor, menciona a López Murphy o Broda. Me doy cuenta de que economista brillante significa otra cosa para él. 

—Personas como Huerta de Soto, el profesor De Pablo o Miguel Boggiano, economistas brillantes, lo consideran un gran economista y lo apoyan. Y está rodeado de gente que sabe.

Más tarde agrega con certeza:

Milei es judío.

Me dice que lo que más valora de él es su humildad. Que sus gritos y agresiones no le molestan porque es humano.

Anoto que Demián es un chico inteligente y amoroso. Lo es. 


En San Pedro, veinte mil vecinos participan de una plataforma de inversiones en cryptomonedas que da una rentabilidad en dólares de algo así como 1% diario. Veinte mil personas: me pregunto cuántos profesionales, amas de casa, comerciantes, estudiantes de ingeniería, contadores, profesores particulares de matemática habrá ahí. Deduzco que unos cuantos. Aparenta ser un Esquema Ponzi y una estafa a gran escala. Interviene la justicia: se descubre que los directores de la plataforma de inversiones son actores, y que la advisor con rasgos orientales que se conectaba diariamente a la misma hora para recomendarle a la gente en qué invertir es una actriz. Los vecinos le dicen “la china”. Estos factos no los conmueven, al contrario.

Los periodistas desembarcan en la ciudad que atraviesa una bonanza derivada del cash milagroso y entrevistan en la calle a un chico joven: dice que él no tiene ningún problema, que seguramente debe tratarse de una estafa, pero que a él le sirvió. Que hasta ahora, no perdió plata, al contrario. Se lo ve seguro, digno, pero un toque canchero y desafiante también. Se suma otro chico al micrófono: pidió un préstamo en uala y lo multiplicó varias veces gracias a la plataforma. Festejó su cumpleaños con todos sus amigos a todo culo, equipó el cuarto de su bebé que estaba por nacer e invirtió en su pequeño comercio. A él le suena rara tanta rentabilidad pero no cree que sea una estafa, que todos sus amigos y vecinos participan y que a él le funcionó. Tampoco puede explicar bien de qué se trata ni por qué es tan rentable. 

El problema es que trascendió y la gente se asustó. 

Cree que las financieras no abrieron las puertas aquel lunes gris por “razones personales”, no porque exista algún problema. Pasa alguien en moto y grita ¡Aguante la china! Todos ríen, incluido el periodista. 

Seguramente habrá gente damnificada, pero a todo San Pedro le fue bien, concluyen. Los comercios repletos, las motos nuevas, los cumpleaños sin mirar la cuenta son los hechos que importan. Eso es real.

Escucho con condescendencia, pero enseguida me acuerdo de algunas cosas.


Hace siete años me embaracé dos veces y tuve dos abortos espontáneos. Tras una breve ronda de consultas, hice un tratamiento médico que no funcionó. En medio del desconsuelo, enojada con la ciencia y con el mundo, con muchas ganas de encontrar respuestas y soluciones, el algoritmo me mostró una coaching de fertilidad natural que proponía alejarse de la mecanicista medicina reproductiva y encontrar el propio camino hacia tu bebé. 

La tesis sonaba bastante lógica e me invitaba a darle una chance: la biomedicina separa cuerpo y espíritu, la vida moderna destruye nuestro potencial biológico para dar vida a través del estrés y la contaminación. Hay que volver a nuestra naturaleza y en el mismo quizás confuso movimiento mirar de modo amoroso a nuestro cuerpo, a nuestro interior y a nuestras emociones. Nuestras células y sistemas biológicos no son sólo entes físicos: estrés, traumas y viejos dolores se alojan en ellos y nos enferman o nos lastiman. 

—No se trata de tu edad sino de tu capacidad de sanar y de conectarte con vos misma y con tu cuerpo —decía la coach en sus posteos.

De hecho, estaba lleno de testimonios de mujeres que confiaron en su potencial creador, practicaron alimentación natural, meditación, se integraron y le dieron un portazo al negocio de la fertilidad y a los médicos que lo único que quieren es decirte que sos vieja y que tu cuerpo no sirve, solo para ganar guita jugando con tu ilusión. Y les fue bien, tuvieron bebés vivos y sanos sin tanta historia, sin ningún tratamiento y sin importar su edad avanzada. 

Me dediqué un año entero a buscar la conexión, olí muchísimos aceites esenciales y gasté plata en salmón, palta y semillas de zapallo para nutrir mis células germinales. Menos pensamiento, más acción, más cuerpo y más sentimiento. 

Compenetrada en ese combo, me embaracé tres veces más. Saldo de mi propio camino natural, amoroso y empoderado hacia mi bebé: cinco abortos, ningún hijo. 


Fui bastante pionera, porque mi gurú se manejaba por Facebook. Poco tiempo después, Instagram estalló y encontré esto mismo que hice por todos lados y aplicado a los más diversos tópicos: sanación holística, terapias alternativas, dietas que no pasan un meta análisis Cochrane recomendadas por health coachs y médicos que ganan más plata como influencers de doctrinas lindantes con la pseudociencia que atendiendo en un consultorio de hospital o de una prepaga. En Instagram, las variables que explican todo el universo de lo humano parecen ser  paradójicamente  unas pocas:  las emociones, el cortisol, la inflamación, la epigenética y la microbiota. 

También florecen expertos o experimentados en crianza, alimentación verdadera, salud mental alternativa, salud intestinal y hasta cómo conseguir novio. Hay un flaco bastante pavote que es una especie de hermeneuta de chongos: le mandas tu consulta y él te dice si el pibe en cuestión “quiere algo más” o no. La mayoría de la oferta autocreativa y autocurativa está dirigida a mujeres: enfermedades autoinmunes, fertilidad, dolencias físicas que no se resuelven, niños que no quieren comer (¿hummus? ¿pasas de uva?), chongos retobados. Ansiedad. Adiós Cachorra y Luli invierte. Suelo pélvico. Menopausia & Fitness. Do it yourself. Si lo crees, lo creas. 

No sería justo quedarnos acá. Para los varones también hay. Si hace diez años lo máximo eran los influencers de hacer asado con el mejor chimichurri, ahora son los coachs financieros, mentorías, cursos de cursos, cursos de ofrecer mentorías, mentorías para ofrecer cursos. Plataformas de inversiones y Ponzis disfrazados de finanzas, todo acompañado con una prédica moral: trabajar mucho, levantarse temprano e ir al gimnasio, alejarse de la mala junta y vestirse bien. Algo así como un cuáquero del siglo XXI, la ética protestante y el espíritu del capitalismo en Maquinista Savio. No es un chiste: es literal.

En móvil televisivo, un periodista entrevista a un chico de traje, en Retiro. Le pregunta si con lo que gana puede ahorrar, el chico le dice que sí. 

 —Hago inversiones.

—¿Te alcanza? ¿Te puedo preguntar cuánto ganas por mes?

—600 dólares.


Tuve una hija viva y sana hace tres años. Finalmente sucedió gracias al tratamiento médico de altísima complejidad que me resistía a hacer: un diagnóstico genético preimplantacional que no cubre ninguna prepaga ni obra social, que se cobra en un par de miles de dólares y cuyo crédito todavía pago todos los meses al valor de un kilo y medio de milanesas de nalga.

Mientras atravesaba el puerperio, empezaron a ponerse de moda algunas muletillas que (no imaginé) se quedarán un montón de tiempo.

Elijo creer.

Fingir demencia.

Una lloradita y a seguir.

No sé por qué, pero me fastidian. Ya me voy a enterar.


Discuto (bien) con un colega especialista en nuevas espiritualidades (es decir, que se dedica a estudiar muchas de las prácticas y creencias que enumeré más arriba). Ahora está con los grupos antivacunas: me dice que no está del todo de acuerdo con el concepto de posverdad. Que la luz de la razón iluminando los hechos tal cual son, mostrando una verdad que cae por su propio peso, no existió jamás en su estado puro en la historia. Que quienes tienen creencias “irracionales” no son (casi nunca) personas irracionales; que eligen, que mezclan creencias y evidencias y testimonios, algo que fue siempre así. Que el testimonio personal es para las disciplinas holísticas una evidencia, un facto, algo que es verdadero en tanto pudo ser experimentado. Pero que, además, el testimonio personal no está solo entronizado en el mundo de “lo espiritual”, sino que lo encontramos como validación en todos lados: en el marketing, en la ComPol, en la literatura, en la tele. Storytelling, TED, autoficción. 

Foto: Ignacio Sánchez.

La ciencia está en crisis, no porque no funcione o no avance (al contrario), sino porque cada día se cuestionan más y más su verdades. 

Le doy (bastante) la razón a mi colega aunque, para mí, la verdad de los hechos existe y va a existir siempre: resiste mi iluminismo. 


Sigo entrevistando adolescentes. Esta vez a una chica de Peronismo militante. Me habla de neoliberalismo. La escucho y siento que podría ser una entrevista del año 2012, cuando escribía mi tesis doctoral: su papá trabaja en una fábrica que reabrió en el gobierno de Néstor Kirchner. Le pregunto cómo es su rutina militante y qué es lo que más le gusta hacer: organizar el apoyo escolar del barrio. Me cuenta que están armando el festejo del día del niño. Que las escuelas están en muy malas condiciones y que en esa lucha está el centro de estudiantes de su escuela, en una localidad del sur del conurbano, casi La Plata.

Unos días más tarde, Cristina Kirchner escribe una carta en la que denuncia al gobierno de Javier Milei al tiempo que critica las políticas del ex presidente Alberto Fernández, cuya candidatura indicó ella misma y a quien secundó como vice. Todos odiamos al gobierno de Alberto y a Alberto mismo. Una inmensa mayoría excluye a Cristina de cualquier participación en la cadena causal de hechos que derivó en ese naufragio.

Si lo creés, lo creas. 


Franco estudia derecho en la UBA y es otro joven tan amoroso como mileísta. 

No puedo conectar la amabilidad de estos nenes con la violencia, el racismo, el machismo y hasta la gordofobia que exudan las redes de sus agrupaciones. Domar, mear, humillar, chupar la pija, romper el orto con o sin vaselina, ya me perdí.

Franco me pregunta si se puede comer la mitad de mi tostado. Le digo que sí, que más vale. Me cuenta que su primer contacto con Javier fue en el gobierno de Macri, a quien su familia apoyaba:

—Es algo que nunca más me voy a olvidar, (…) miraba en la tele y ahí vi el dólar a 40 y dije: esto es una mierda, no puede ser. ¿Cómo puede ser? Si estos vendrían a ser los buenos, ¿por qué están haciendo lo mismo que los malos? Y ahí es cuando, ese mismo día, Youtube me recomienda un video de Javier Milei. 

Me dice que desde entonces empezó a ver sus videos, que los pone de fondo mientras ordena su habitación, es una rutina escucharlo. Valora su capacidad para explicarle a la gente lo que pasa en el país como si fuera una maestra de jardín. Esto pasa por tal, por tal, por tal. Te da argumentos.

Javier ordena los factos.

Franco también me dice que es un economista muy bueno y que se relaciona con gente importante, como Eurnekián. Pero lo que más lo atrajo de él es Javier Milei como persona

—Como persona… ¿qué parte?

—Por ejemplo, estaba el rumor de que andaba con Lilia Lemoine, que su anterior novia, era una tal Daniela, cantante. Y no sé cual más estuvo en el medio. Y da la casualidad de que el chabón tiene la posibilidad de elegir estar con la novia que él quiere físicamente. Si te pones a analizar, todas las novias de Javier Milei, son todas rubias con tetas grandes. Yo digo: el chabón, puede tener lo que el quiere cómo quiere. Él quiere meterse en política, se metió en política, fue diputado, ahora es presidente. El chabón quiere ir hablar de cierto modo, habla de cierto modo, sin ocultártelo. En su momento, cuando puteaba a todos los políticos, no tenía vergüenza de decirlo y todos decían “Che, no puede ser esto”. Al chabón le chupaba todo un huevo y lo hacía igual. Entonces esa parte de la persona que a mí me… a mí me…

—¿Como una cosa poderosa…?

—No, poderosa no, no. Nunca el poder.

—¿Como que logra lo que quiere? ¿Una cosa así?

—Y que no tiene vergüenza de ocultarlo, de ocultar cómo es. Eso me atrajo mucho. No tiene miedo o vergüenza de ser cómo es.

Javier elige a las mujeres, habla con fundamento, no tiene vergüenza de ser quien es. Es brillante porque explica, es brillante no por su doctorado, sino porque es humilde y no se vendió. 

¿El plagio? No hace mella. ¿Los escraches a artistas? Él es así. ¿La defensa de la dictadura de Villarruel? No es nuestra agenda, ella no nos pertenece. Javier no se mancha.


Me obsesiono con el pensamiento mágico, con el elijo creer y con fingir demencia como la tónica de los tiempos. Con las justificaciones ad hoc para salvar la promesa. Gritamos datos que no le importan a nadie. Mostramos factos y nos gritan aguante la china.

También me parece que es una explicación muy simple. Me desespero porque no sé si no la veo o la re veo. Yo también fui capaz de fabricarme mi propia ilusión, mi propia china: a mi también me prometieron el 20% mensual en dólares o algo más improbable: un bebé. Y fue así de fácil. 

Foucault hablaba de regímenes de verdad, a mí se me ocurre inventar regímenes de ilusión. Las ilusiones, las emociones y las creencias siempre movieron el mundo. Pero hoy es todo el tiempo. Sobre lo grande y lo pequeño. Sobre los hechos y los valores. Fingimos demencia frente a lo trivial y frente a lo atroz, frente a lo político y a lo personal. ¿La víctima? La causalidad. Me da impresión escribirlo, ¿defender la causalidad, reina, te parece? Y sí.

El punto es que no basta con señalar las ilusiones de los otros: qué fácil regodearse en jugar a descubrir el hechizo de Javier Milei, qué fácil reírse de la treintañera que le manda el chat con el chongo a Adiós Cachorra, qué fácil mirar con condescendencia a la gente de San Pedro. Si siempre es el otro el boludo que no la ve, eso es trampa. 

Se me ocurre que en la vida (seguro) pero en la política (sobre todo), podríamos empezar a ver también nuestras propias estafas en presente, nuestras ilusiones. Entender los factos que suceden de este lado, y con ellos, las causas. Pero asumir los hechos no es hacer mea culpas, es pescar verdades fácticas con inteligencia y sin lloriqueos. Más que pesimismo de la razón que es una pose cómoda, a lo mejor se trata de poder con la honestidad de la razón. ¿Dónde está nuestra china? ¿Qué dice? ¿Qué inversión quiere que hagamos? Pero, más importante todavía, ¿por qué?

Marina Larrondo es Investigadora Adjunta del CONICET en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (UNTREF). También Socióloga, Magíster en Educación y Doctora en Ciencias Sociales. Investiga sobre Jóvenes y activismo, y sobre Política en la Escuela Secundaria. Enseña en el Profesorado de Sociología de la UBA y trabaja  en temas de Currículum y Enseñanza en la Escuela Media. Es autora de La suerte de tu lado (El gato y la caja)


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One response to “¡Aguante la china!”

  1. Avatar de Carlos Francisco Lijoi Cárcano
    Carlos Francisco Lijoi Cárcano

    Surrealismo intelectual? ….. estadios alterados?? Me tomó dos veces leerlo con ganas de entenderlo y no pude…debe ser porque soy de la época de papá y mamá y de cuando los investigadores del Conicet hacían otro tipo de ciencia….debo estar craquelé…estas investigaciones como la del ano dilatado de Batman me sacuden el caracú y me obligan a pensar donde estará la plata que todos aportamos a las universidades y a los diversos institutos no rendidas en una década…eso me parecería más serio que estudiar la relacion del chorizo con la velocidad…en fin…es que soy de mitad del siglo pasado y no aprendí el lenguaje inclusivo (con e) que el género es un trapo y una clasificación gramatical no el sexo y ahora me desayuno que hay como 6 ó 7 más!!!!. Joder diría Cervantes….Tengan piedad de mi ignorancia y de mi rigidez, estoy más cerca de ella que de la gimnasia….ah me olvidaba…no respondere respuestas ni a favor ni en contra…se me agotó la pila. cordialmente… yo el rebelde con causa

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