Junto a Pete Hegseth,Secretario de Guerra de los Estados Unidos

En una época marcada por la entronización del yo y los discursos meritocráticos y narcisistas de superación y auto cuidado, Robert Kennedy Jr., actual Secretario del Departamento de Salud y Servicios Sociales de Trump, ha hecho de la actividad física y la vida fit un punto central de su imagen y mensaje público. Con un timing envidiable, el sobrino de JFK es el principal impulsor del MAHA, Make America Healthy Again —Hagamos America Saludable de Nuevo—, un claro subproducto del MAGA, ha cosechado adhesiones en el ecosistema conservador. Desde celebridades como Mike Tyson hasta un entramado de mami influencers, mayoritariamente fit, republicanas y ultra católicas que amplifican su retórica de salud, disciplina y recomposición nacional.

Como ya había hecho en otras oportunidades, por ejemplo junto a Pete Hegseth, Secretario de Guerra de Estados Unidos, hace unos días RFK Jr. subió a sus redes un video entrenando con Kid Rock. El objetivo de esta pieza comunicacional, que podría calificarse como arte con alto contenido de homoerotismo, es promover las iniciativas centrales de MAHA: “Movete + Comé comida real”. Con vibes de Rocky y Apollo en Rocky III, el video en cuestión está ambientado con una estética ranch, entre muebles de madera, banderas estadounidenses, una estatua de la libertad y un oso embalsamado. Mientras tanto, los protagonistas levantan pesas, se chicanean, se suben a una bicicleta fija en un sauna y toman leche —de vaca y entera, como la nueva pirámide alimentaria manda— dentro de una pileta. Pero el momento alto es cuando Robert Kennedy Jr. se sumerge en una de esas piletas de agua heladas tan de moda ahora…en jeans. Sí, además de llamar la atención por mostrarse como un “gym bro” a los 72 años, Bob Kennedy Jr. entrena en jeans. El look se completa con torso desnudo, cinturón de cuero negro, botas de senderismo y probablemente una buena dosis de esteroides.Parece un centauro en denim. No por nada Stephen Colbert se preguntó en su Late Night Show:“¿Vendría a ser como uno de esos muñecos de acción en los que los jeans son sus piernas? No se pueden sacar, ¿le podés cambiar la remera pero no los pantalones? ¿Es un robot?”

Uno de los orígenes de este look, o más bien su inspiración, tiene que ver con ciertas figuras del cine de acción y artes marciales, como Bruce Lee, Mel Gibson en “Arma Mortal”, Bruce Willis en “Pulp Fiction” y cómo olvidar a Chuck Norris, quien llegó a ser la cara de su propia línea de denim, los Action Jeans, que prometían una elasticidad única, ideal para la ejecución de todo tipo de prácticas deportivas. Por todo esto, para los amantes del cine de acción, el jean y la actividad física no hacen un combo novedoso. Tampoco para el mundo fitness, que por obvios motivos está emparentado con aquella formación sentimental cinematográfica y sus héroes: Arnold y Sylvester. 

Quizás no en tu Megatlon amigo, pero en los gimnasios barriales y old school, los jeans no eran poco habituales. El look denim en el gimnasio está directamente asociado a una estética cruda, ruda, sin adornos y varonil. Una onda industrial y operaria. Después de todo, los jeans están hechos para el trabajo duro. Posiblemente este sea uno de los motivos por los cuales el primo de John John los use para entrenar: un poco de cosplay de clase trabajadora nunca viene mal. Salvo por el detalle de que es un KENNEDY y no Jimmy Carter. 

Sin embargo, entrenar con jeans azules no tiene que ver sólo con pasar por laburante u hombre común. Más bien, se enmarca en una tendencia global —exacerbada de la pandemia para acá—  de gente volcada al fitness, que hace que no podamos abrir una puerta sin que aparezca alguien para hablarnos de las bondades de levantar pesas y ganar masa muscular. La cantidad de gente que ahora “entrena”, se suplementa, y persigue un cuerpo fit aumentó exponencialmente. En ese sentido, cultivar un perfil deportivo, sobre todo en el levantamiento de pesas, se convirtió en una forma de conectar con el electorado en general, y con los jóvenes en particular, que han hecho del gimnasio un lugar de encuentro y refugio, algo que no abunda y sobre lo cual los movimientos políticos que buscan renovarse deberían tomar nota. 

Por citar solo dos ejemplos de la larga lista de políticos que se expande cada día, Lula y Macron usan sus entrenamientos para potenciar su comunicación e imagen política. La pregunta sobre qué pasa cuando las que hacen esto son mujeres, como Mayra Mendoza o algunas libertarias, ameritaría un artículo aparte. Pero en los casos mencionados, sobre todo en el del presidente brasileño, que tiene 80 años, mostrar su constancia fitness aumenta su respetabilidad y produce admiración porque, además de gobernar uno de los países más grandes del mundo, dedica tiempo y esfuerzo a ocuparse de su bienestar físico que, se sabe, desde los griegos para acá, está atado al mental. Además, se ve mucho mejor que hace 20 años. La estética no es un tema menor, sobre todo en Brasil, y en la política siempre suma. Esta exhibición de destrezas tiene una utilidad concreta: parecer jóvenes, fuertes, vitales, pero también mostrar que, como buenos soldados, conservan el vigor y están siempre listos para cualquier contingencia. Todo un activo en un mundo de tensión creciente que, por momentos, parece estar al borde de la tercera guerra mundial. Estar entrenado se traduciría, a los ojos de los ciudadanos, en capacidad efectiva de liderazgo y respuesta. Hacerlo en jeans, que no hay tiempo que perder. Just do it. Forever young.

Emmanuel Macron boxeando por su fotógrafa Soazig de la Moissonniere

Yendo más lejos, y volviendo al caso del Kennedy trumpista, entrenar en jeans es una forma más de exhibir su falta de ortodoxia y su ética contracorriente, distanciado ideológicamente de su familia, convertido en una de las voces más visibles del activismo antivacunas y del discurso anti establishment. El mensaje parece ser: “Soy distinto, rompo los esquemas, pertenezco de verdad al exclusivo club del esfuerzo individual”. Todo como parte de la operación clásica del outsider: jugar a ser el infiltrado que va a ponerle coto a algo, llámese el Estado, las corporaciones, el wokismo, etcétera. 

Screenshot

Mancuernas y pesas rusas haute couture

A pesar de lo poco práctico y de lo ridículo que puede parecer, no son pocas las marcas deportivas que en el último tiempo vienen desarrollando prendas de jean o que imitan la mezclilla, tanto para hombres como para mujeres. En Argentina, una de las pioneras fue Body Sculpt.

Con límites cada vez más difusos en los diversos ámbitos de nuestra vida cotidiana, el concepto de “modernidad líquida” acuñado por Bauman bien puede aplicarse a la ropa, que es cada vez más apreciada en términos de fluidez, versatilidad y adaptación. Las reglas del vestir se flexibilizaron y el athleisure, la tendencia de llevar ropa deportiva fuera del gimnasio, ganó terreno. Así como hablamos de ropa de todos los días que es usada para ir a entrenar, también podemos hablar de ropa de entrenamiento que se usa para ir a la oficina. El año pasado nos cansamos de ver pantalones Adidas combinados con camisas de vestir, carteras de diseñador y hasta stilettos. También chicas (y no tanto) con camisetas de futbol estileadas para ir a bailar. Dentro del ámbito político, caracterizado por el uso de trajes y prendas formales, fuimos testigos del aluvión de prendas de la marca de las tres tiras para asistir a reuniones, actos y programas de televisión. Los ejemplos sobran. 

Juan Monteverde de Ciudad Futura

La tendencia de mezclar estilos y ámbitos, por gusto y por funcionalidad, está en alza. El diseñador Rick Owens, que recomienda comprar menos ropa e ir más al gimnasio, habla desde la experiencia propia. Después de tomar la decisión de hacer una transformación física radical, cuando decidió dejar de ser un chubby sedentario, contratar a un entrenador personal y hacer de su cuerpo un proyecto de cuasi arquitectura. “No me imaginaba tener que cambiarme de ropa todos los días ni cambiarme para ir al gimnasio. Esta ropa me lleva al gimnasio, a trabajar en el estudio y luego a cenar con un abrigo de visón encima”, afirma.

La última campaña de Balenciaga, ahora en las manos creativas de Pier Paolo Piccioli, fusiona la alta costura con prendas deportivas. “Tech wear & couture”, en palabras del diseñador italiano, se trata de “prendas que escuchan, se mueven, viven en el presente, donde el deporte, la tecnología y la alta costura se encuentran”. Las fotografías muestran a las y los modelos enfundados en ropa y accesorios de lujo, rodeados de mancuernas cromadas y hasta sosteniendo una barra en una máquina Smith. 

Balenciaga
Balenciaga
Balenciaga

Todavía bajo la dirección creativa del napolitano Dario Vitale, Versace compartió ayer una foto de Nele “The Problem” Jackson vistiendo ropa de la colección primavera verano 2026, mientras sostiene una barra olímpica. La luchadora se define a sí misma como modelo accidental (sic), performer y deportista. Su biografía: “Me ganaré el respeto o moriré”. Habla de “flesh control”  —control de la carne— para referirse a sus entrenamientos. 

Campaña Versace

Último ejemplo de hoy: el pilates y sus pesitas más amigables. Hace un año, Celine amplió el universo Maison Celine “a la práctica holística de pilates” y puso a la venta mancuernas, pesas rusas, colchonetas y ladrillos “elaborados a partir de materiales premium”. 

Pero, volviendo a los políticos, muchos ya están haciendo videos en los que explican sus plataformas o posicionamientos con respecto a temas de coyuntura parados a lado de un rack o sentados en un banco plano. Esto es apenas el comienzo. Mi intuición dice que todavía no hemos visto nada. 


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Vicky Sosa Corrales es licenciada en Ciencia Política y trabaja en comunicación. Es asesora de imagen profesional y colabora en distintos medios. Creó y escribe el blog de moda y política @realpolitichic. Junto a Paula Puebla es CEO de Vayaina Mag.


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