María Claro es militante. Lo es hoy y también lo era en los setentas, cuando militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Por entonces, el Estado represivo secuestró y desapareció a su compañero Armando Imas, trabajador del cine y asistente de dirección de “Operación Masacre”, la película de Jorge Cedrón, estrenada en 1973, y luego proyectada en la clandestinidad. María vio caer a amigos íntimos y compañeros muy cercanos, pero nunca bajó las banderas, nunca entregó sus ideas.
De un tiempo a esta parte, forma parte del colectivo Bordando Luchas, que preparó una movida especial para el 50 aniversario del Golpe cívico militar en Argentina: una bandera hecha por bordadoras y bordadores voluntarios recordando los nombres de las personas que faltan, que no se sabe todavía dónde están. “No me olviden” convoca a quienes quieran llevar el gran manto a las 13 horas en Avenida de Mayo y 9 de Julio.

¿Cómo nace la iniciativa de “No me olviden: 30000 agujas por nuestros desaparecidos”?
Esto es un colectivo, venimos bordando luchas hace como seis años, desde la pandemia. Es un grupo federal, de diferentes provincias, donde hemos hechos mantas colectivas referentes a diversas luchas en nuestro país, pero también hemos hecho distintos bordados pensados en lo específico de cada provincia.
¿Por qué el bordado?
Nosotros pensamos que hay muchas formas de transmitir la realidad desde bien de abajo, podría decirse. Así como hay quienes eligen la escritura, la radio comunitaria, la televisión, nosotros elegimos las agujas y el bordado para contar las luchas de Argentina.
El año pasado, el grupo de Buenos Aires —un retazo del grupo Bordando Luchas que nació en Córdoba, en la Imprenta del Pueblo Roberto Matthews— se dedicó casi exclusivamente a trabajar sobre Palestina porque consideramos que es un genocidio. Injusto, como todo genocidio. Hicimos sesenta bordados, los expusimos en la Embajada de Palestina y también en el Museo Etnográfico. Además hicimos cerca de cien agendas con la tapa bordada. Las vendimos y ese dinero lo enviamos a Palestina. Fue un aporte que hicimos desde Bordando Luchas Buenos Aires.
Al mismo tiempo, veníamos pensando qué hacer por los 50 años del Golpe. Primero pensamos en una manta, con los militares, los pañuelos blancos. No sabíamos bien qué hacer hasta que entendimos que lo que queríamos era bordar a los compañeros desaparecidos. Entonces nos empezamos a preguntar cómo íbamos a hacer; porque son muchos, son muchos bordados.

No iban a dar abasto.
Claro, la intención era hacerlo nosotras pero después abrimos la convocatoria a amigos, a familiares, a hijos para ver si querían bordar, ellos también, los nombres de sus cercanos. Para eso nos pusimos a buscar números de teléfono, a contactar, para invitar a bordar.
¿Por qué le pusieron “No me olviden”?
Porque resonaba entre nosotras cuando nos empezamos a preguntar cómo ponerle a la iniciativa. Tenía que ver con seguir hablando de ellos. Fijate que en este momento están apareciendo restos en Córdoba, como Ramiro Bustillo, que fue obrero, estudiante universitario. Ese compañero ya estaba bordado antes de que se identificaran sus restos.
También pensamos en la infamia, en el ajuste, en el negacionismo de estos tiempos. Por eso celebramos esta tarea popular y los aportes de cada compañera, de cada lugar.
¿Cuáles eran los parámetros?
Planteamos bordar los nombres de los desaparecidos en un paño del mismo tamaño, para que luego puedan ser unidos y circular como una víbora en la marcha del 24 de marzo. ¿Por qué? Muchas veces vemos que hay compañeros desaparecidos que están muy visibilizados, porque son artistas, porque son escritores, y otros que no tanto. Nosotras nos dijimos “bueno, vamos a resistirnos al negacionismo, traigamos a los compañeros para que sepan quiénes son”.
Para nosotras era muy importante, en el contexto que se vive hoy, que todos estos nombres y consignas sean visibilizadas. Nos parecía muy importante reivindicar la lucha de los compañeros. Muchas veces se habla de todo lo que pasó después del Golpe de Estado, donde se hicieron en distintos espacios trabajos sobre la memoria —como las baldosas— pero poco se habla de qué es lo que pasó con esa generación y, sobre todo, poco se habla de por qué fueron desaparecidos. Hablemos de por qué lucharon todos los que lucharon. Ellos estaban contra el imperialismo, contra la violencia estatal, contra la injusticia, contra la dependencia económica, por la igualdad de oportunidades: para nosotros fue muy importante poder marcar esos puntos. No queremos entrar en disputas electorales sino mostrar y que nos pregunten quién fue fulano, qué es lo que hizo, qué cambios buscaba en esa época. El Golpe de Estado fue el mazazo final, pero todos los que militábamos en la época del setenta ya veníamos perseguidos, por la Triple A, por los distintos gobiernos; lo de Trelew fue en 1972. Las cosas no empezaron en 1976 y pareciera que el Nunca Más comenzó ahí.


¿Y cómo se fue armando la red federal?
Mirá, hicimos un grupo de Whatsapp. Y eso tuvo un efecto dominó: tal le dijo a mengana, al grupo tal, al grupo cual, otra habló con el grupo de La Plata, otra con la gente del sur. Aparte, hace un tiempo nos veníamos hablando con las compañeras de Chile. Tal es así que fuimos a un encuentro internacional de arpillerista, de bordadoras, porque las chilenas bordan muy bien y también bordaron el Golpe de Chile. En su momento, se juntaban con el argumento de que iban a bordar y así podían tener las reuniones, las reuniones políticas. Eran perseguidas, claro.
La cuestión es que la iniciativa se fue viralizando. Nos llamaban permanentemente, a cada segundo; fue muy agotador pero eso nos daba entusiasmo. Veíamos cómo de boca en boca iba tomando forma esta idea de bordar paños con los nombres de los compañeros. Te cuento un ejemplo: un día me llamó un hombre y me dijo que quería bordar. Yo le pregunté qué nombre quería bordar y el me dijo: “a mi familia”. Ese hombre tiene cinco desaparecidos en su familia, yo quedé consternada, me sorprendió a pesar de saber que hay familias enteras que fueron desaparecidas. Al rato recibí otro llamado de una persona que quería bordar, pero no tenía un nombre y quería saber a quién podía bordar. La gente mandaba nombres, rostros de amigos, de conocidos del barrio, de compañeros de la facultad, de socios de un club.
Así se armó. El grupo de Whatsapp empezó con cien personas y hoy somos más de cuatrocientas. La convocatoria nos desbordó, no pensamos que iba a suceder lo que está sucediendo. Porque todo es a pulmón; no somos ni partidarias ni de ninguna institución. Somos un grupo de bordadoras, que nos conocen en muchos lados a los que hemos ido, pero se ve que hubo una gran necesidad de sumarse al proyecto. Trabajamos todo el día sin descanso.
¿Cómo está conformado ese gran grupo?
Nuestro grupo es muy plural. Hay compañeras y hay compañeros jóvenes. Y también hay compañeras de mi edad —yo tengo 75 años— y es como que una siente que está más cerca de ellos, bordándolos, bordando un rostro, un nombre. Eso se transforma en algo muy emotivo porque en algún momento nosotros estábamos al lado de ellos tomando un desayuno, haciendo una pintada. Hoy no están y los tenemos presentes todo el tiempo. Los extrañamos.



Entiendo que la convocatoria trasvasó las fronteras…
Sí, la participación comprende nueve países, trece provincias, cincuenta y seis ciudades, y ochenta y siete espacios de Bordado y Memoria, además de todas las personas que participaron de forma independiente. Es un trabajo muy potente. Mandaron sus bordados personas desde Bariloche, Mendoza, Misiones, Perú, Colombia, Chile, Ecuador, España, Italia, Canadá, Uruguay —quienes bordaron todos los nombres de los compañeros uruguayos desaparecidos en Argentina—, también una japonesa bordó el nombre de un japonés desaparecido.
Tenemos que seguir trabajando, hay como ocho cuadras de bordados, y los estamos uniendo, cosiendo a una tela para preservarlos. Nuestra idea es, después del 24, continuar con los nombres que faltan y que la pieza quede en el Museo Etnográfico, donde nos permitieron trabajar y acopiar material. Quisieramos hacer una muestra y que después circule por el resto del país.

Además de visibilizar esos nombres, ¿qué otra cosa buscan?
Queremos incomodar, queremos que los negacionistas sepan que, a pesar de lo que nos están diciendo, no olvidamos a nuestros compañeros. Venimos a reivindicar su historia.
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