Federico Pozzi, cineasta y uno de los fundadores de Algo que se mueve, apuesta por una forma diferente de descubrir y compartir películas. Frente a los catálogos infinitos y los algoritmos de las grandes plataformas, propone recuperar la curaduría, el encuentro y el valor del cine independiente. En diálogo con Vayaina Mag, reflexiona sobre los desafíos de la industria audiovisual argentina, el papel del Estado y la importancia de construir una programación diversa y comprometida.

¿Cómo surge Algo que se mueve y qué sentían que faltaba en las plataformas que ya existían?
Siempre tuve una inclinación por buscar nuevos caminos para la exhibición de cine independiente. Me parece insólito que películas con mucho recorrido y reconocimiento en circuitos especializados tengan dificultades para llegar a una audiencia más amplia. La propuesta parte de una pregunta: ¿cómo generar una nueva experiencia alrededor del descubrimiento del cine? El escenario mediado por algoritmos y métricas de permanencia que proponen las plataformas más grandes es el modelo que buscamos evitar. Algo que se mueve valora la curaduría y la programación hechas por personas. Es algo que viví en primera persona luego de estrenar mi primera película, La Caminera, y conocer de cerca esas dificultades. Esa experiencia se convirtió en una inquietud más amplia: son pocas las películas independientes que logran escapar a esa lógica de estrenos.
¿Qué toman de los festivales de cine?
La plataforma toma de los festivales de cine dos conceptos: la curaduría y la ventana de exhibición limitada. No se trata de ofrecer catálogos infinitos, sino de seleccionar películas que, de alguna forma, dialoguen entre sí y construyan una experiencia. Cómo contar una historia a partir de otras historias. Por eso, no funcionamos con una suscripción, sino con entradas, e involucramos a la comunidad para que se afilie como “movers” sin costo, comparta nuestra programación y sea parte activa de la propuesta a cambio de recompensas.
Como a mí me gusta la gastronomía, a veces lo explico así: las grandes plataformas son como las cadenas de comida rápida, donde la oferta está pensada para retenerte, mientras que Algo que se mueve es un bodegón de barrio, con platos del día caseros y ganas de que lo recomiendes a quienes puedan valorar esa experiencia. La apuesta es crear una comunidad alrededor del cine independiente que valore la conversación, el encuentro y el descubrimiento.
¿Cómo funciona en la práctica lo de los “movers”?
¡Cualquiera puede participar! Para hacerlo, hay que completar un registro similar al de nuestros usuarios y agregar un alias para recibir las comisiones por cada entrada. La lógica detrás de eso fue intentar premiar el boca a boca, algo que hacemos naturalmente por el placer de compartir lo que vale la pena y, en el proceso, amplificar la comunicación de una obra. Lo vemos como una herramienta para la comunidad. Cada comisión que le pagamos a un “mover” es una comisión que no invertimos en marketing ni les pagamos a los avisos de Meta, así que lo disfrutamos todavía más.
Para alguien que recién se entera de que existe: ¿cómo se accede a la plataforma y cómo funciona?
Para acceder a las películas hay que completar, por única vez, un registro muy básico que consiste en un nombre de usuario y un mail validado. Luego, por cada película que se desee ver, hay que pagar una entrada individual que permite el acceso mientras dure la ventana de exhibición. Cuando cambia la película, se resetea el acceso y, si uno quiere ver la próxima, tiene que volver a pagar. Es muy simple y cuesta menos que tres empanadas.
La propuesta es ofrecer una sola película por mes. ¿Por qué eligieron ese formato? ¿Qué cambia en nuestra manera de mirar cuando dejamos de tener miles de opciones?
Empezó desde el punto de vista de las películas, para poder darles el espacio necesario para desarrollar su campaña y el tiempo que necesitan para que el boca a boca termine de hacer su magia. Cuando pensamos en los espectadores, la cosa cambió. Surgió a partir de una investigación sobre algo que yo desconocía: la “ansiedad de la decisión”. Tener tantas opciones no es saludable; por ejemplo, de esa multiplicidad nace el FOMO. Entonces empezamos a pensar como un festival de cine, limitando la ventana de exhibición y dedicando tiempo y energía a la curaduría. Al final, lo que genera es una experiencia única para el espectador, porque somos la única plataforma que no está pensando en retenerte, sino en darte el mejor servicio posible.
¿Qué tipo de cine se puede encontrar y cómo eligen las películas? ¿Se enfocan en producciones argentinas, independientes o que quedaron fuera de otros circuitos?
Nuestro foco está en películas independientes, que hayan sido pensadas desde la autonomía de los y las cineastas que las hacen. Que hayan pasado por un estreno en festivales o en salas alternativas, o que hayan logrado llamar la atención de un sector especializado. Que dialoguen con una comunidad y con el mundo en el que están. Que sean diversas.
Siempre es un poco subjetivo el por qué. A veces se reduce a que alguien del equipo la siente y la defiende como propia. Otras son películas que vimos hace un tiempo y queremos rescatar. Va variando. Claro que las primeras fueron argentinas porque lo primero que queremos hacer es consolidarnos acá, pero estamos hablando con algunas películas latinoamericanas y no pensamos detenernos ahí. Lo importante es que sean independientes y que sintamos que pueden dialogar con el espíritu de Algo que se mueve.
¿Cómo impactan las políticas del gobierno actual en un proyecto como Algo que se mueve y en las posibilidades de que el cine argentino llegue al público? ¿Qué puede sostener una iniciativa independiente como la de ustedes y para qué sigue siendo indispensable el apoyo del Estado?
Las personas detrás de Algo que se mueve somos pocas, así que las políticas del gobierno nos afectan todos los días a nivel personal. El Estado es fundamental para que el cine que se produzca en Argentina sea independiente de las decisiones de gerentes de plataformas que viven en Miami y no conocen nuestro país.
El desfinanciamiento del INCAA y la pésima gestión de Pirovano ya produjeron que en 2024 casi no hubiera rodajes. En 2025 se sintió en la postproducción y hoy ya hay algunos festivales que están viendo la merma en las películas nacionales que se inscriben. El impacto de una política pública en la cinematografía tiene consecuencias a largo plazo.
Revertir esta tendencia va a llevar años de sostén y, si no se hace algo urgente, puede que sea irreversible. Porque, al final, lo que sostiene a esta industria son personas calificadas que, si no consiguen trabajar aquí, van a nutrir las industrias de otros países.
Algo que se mueve depende de ese trabajo milagroso que convierte ideas y talento en bienes culturales. Sin eso, la presencia de películas de otras nacionalidades en la plataforma se va a hacer cada vez más frecuente.

En el marco de la Semana del Orgullo van a presentar Álbum de familia. ¿Por qué eligieron esta película y qué lugar quieren darles a las historias de la comunidad LGBTIQ+ en la programación?
Elegimos Álbum de familia, en primer lugar, por su valor cinematográfico y por la historia que elige contar. Claudia Pía Baudracco fue una militante histórica del movimiento travesti trans en el país, fundamental para su comunidad y para hacer que la Argentina sea un ejemplo mundial en materia de derechos y diversidad. Queríamos que una película con esta potencia tuviera un lugar destacado en nuestra programación.
Esta elección también expresa una búsqueda a futuro. Estamos trabajando para sumar nuevas películas y construir una programación que sea tan diversa y plural como las personas que las hacen y las historias que tienen para contar. Pensamos la diversidad como una parte constitutiva y transversal de nuestra identidad.
¿Cómo piensan sostener ese compromiso con la diversidad más allá de noviembre?
Para una plataforma que recién comienza y está construyendo su primera programación, es muy importante que las películas y sus realizadores confíen en el proyecto, en nuestra mirada y en el compromiso con el que trabajamos para darles circulación.
Queremos que Algo que se mueve sea una plataforma humana, no solamente por su diseño o su comunicación, sino también por sus decisiones editoriales, sus formas de vincularse con quienes producen cine y su voluntad de construir un espacio en diálogo permanente con la sociedad de la que forma parte.
¿Se puede hablar de celebrar el Orgullo sin tomar posición frente a las políticas y los discursos del gobierno hacia la comunidad LGBTIQ+? ¿Programar estas historias es también una forma de plantarse políticamente?
Toda acción dentro de un emprendimiento responde a una política o a una idea del mundo. Claro que no es lo mismo que la gente que le pone el cuerpo todos los días o que es la receptora directa de los discursos de odio. Desde nuestro humilde lugar, dejamos claro cuál es nuestra política empresarial y qué lugar queremos ocupar en la sociedad.
Obviamente, cuando una pyme va en contra de una multinacional, las fuerzas son desproporcionadas. Pero, como les digo a todas las películas, cada una disfruta de la construcción de las que vinieron antes y aporta su granito de arena para las que vengan después.
Si logramos hacer de esta plataforma algo relevante en términos económicos y simbólicos, podemos ser un ejemplo de prácticas responsables, comprometidas y sostenibles. Y vamos a estar orgullosos también de eso.
Por último, ¿qué les gustaría que pasara con Algo que se mueve de acá a un año? ¿Qué necesitan para que el proyecto crezca y se sostenga? ¿Están teniendo el alcance que esperaban?
Estamos en una primera etapa de crecimiento. Esperamos llegar en los próximos seis meses a un punto de equilibrio económico. Estamos cerca de lograrlo.
Hace casi dos años, cuando Algo que se mueve era apenas un conjunto de notas sueltas, me resultaba mucho más fácil fantasear con una implementación amplia y casi automática. Era lindo imaginar el éxito, pero ahora, la verdad, me gusta más. Aunque está lleno de desafíos, hoy la plataforma existe, se está haciendo un nombre de a poco y tiene sus usuarios habituales. Y vamos por más.
De acá a un año nos gustaría que Algo que se mueve estuviera consolidada como una alternativa para la distribución del cine independiente, que el público confiara en nuestra programación y encontrara en ella una experiencia diferente. Y que nuestros “movers” estuvieran participando activamente en la expansión de la comunicación. Que podamos planificar el futuro de la exhibición en otros términos.
Pero para eso necesitamos ampliar nuestra comunidad, sumar películas, generar nuevas alianzas y propuestas y, sobre todo, trabajar mucho. Queremos construir un público que vuelva, participe en la conversación y sepa que forma parte fundamental del proyecto.
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Miranda Scian es Licenciada en Ciencia Política de la Universidad Torcuato Di Tella donde también dictó clases. Escribe para Noticias Urbanas y acaba de lanzar el newsletter No Hay Con Quien Hablar, junto al escritor argentino Martín Kunik.







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