1

“La vida humana no es una cosa: ni para crearla ni para eliminarla”, sostuvo la vicejefa de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en la charla que se llevó a cabo el pasado 11 de agosto en la Legislatura y que tuvo como protagonista a Olivia Maurel, nacida mediante una subrogación de vientre, y portavoz de la Declaración de Casablanca.

La sala Montevideo estaba abarrotada. Todas las sillas fueron ocupadas y, en el fondo del salón, mucha gente quedó de pie. La mayoría de los presentes eran mujeres de mediana edad. Entre los brushings y las chalinas, los labiales nacarados, vimos asomar de los cuellos algunos rosarios, algunas cruces. Debimos ser de las personas más jóvenes ahí dentro, acaso también las ¿más progresistas?: nos costó encontrar con la mirada a otras a quien pudiéramos reconocer como sucursales de nuestras ideas. Escuchamos justo cuando una agente de prensa le decía a otra lo mucho que le había costado conseguir cobertura en los medios. No nos llamó la atención. Para cuando la charla comenzó, la mesa de las medialunas y el café ya había sido arrasada; permaneció la hora y pico que duró el evento como un cuerpo al que le practicaron una autopsia pero al que olvidaron volver a suturar. Aunque eran las tres de la tarde, afuera ya no había sol. 

Clara Muzzio fue la primera en hablar. Aunque es sabido que la maternidad y la natalidad son temas que le quitan el sueño y por los que libra sus más verborrágicas batallas en redes sociales, nos sorprendió que una mujer de su jerarquía ocupe su tiempo en una actividad de tan poca repercusión pública —y poco retorno político— como aquella. 

Olivia Maurel y Clara Muzzio. Foto: IG Clara Muzzio.

“Un hijo es una persona y no un derecho contractual”, dijo Muzzio en algún momento del discurso que leyó cuidadosamente. Nos incomodó estar de acuerdo con ella, no nos gustó nada; sin embargo, estuvimos ahí para escuchar qué se anda diciendo sobre la maternidad por sustitución. Más aún, nos interesa saber quiénes son los que hablan del tema en los pequeños círculos donde sí se dice algo. Hace tiempo entendimos que “de nuestro lado” el alquiler de vientres es tabú. ¿Por qué? Ya no importa por qué. Lo que sí importa es que, como todo tema tabú al que creemos cerrar al vacío con nuestro silencio, el conservadurismo ha llegado a él primero. ¿Por qué fue Clara Muzzio la que abrió la exposición en contra de la trata de personas, el robo de identidad, la explotación de las mujeres? ¿Por qué acompañaron las “señoras católicas”? ¿Acaso las zurdas o las peronistas no tenemos nada para decir al respecto? Y las chicas liberales, ¿en qué andarán? Parece mentira, pero no: la vida es eso que pasa mientras la derecha te corre por izquierda.

2

¿Quién narra el estado de cosas? ¿Quién habla por las mujeres que gestan? ¿Quién habla en nombre de los niños nacidos de un vientre subrogado? El caso de Olivia Maurel es muy conocido internacionalmente no solo porque se puso al frente de una institución con un objetivo muy ambicioso, sino también porque es una rara avis:  rompió con su madre y padre de crianza al descubrir —de adulta— que no era quien le habían dicho durante décadas que era. Aunque esto no es del todo cierto: los que rompieron el vínculo fueron su madre y padre de crianza luego de que Olivia se animara a salir a contar su caso. “Ninguna persona en el mundo debería pasar 30 años buscando su historia”, dijo en algún momento de la actividad en la Legislatura.

Decíamos que Olivia es una excepción en un universo de niños, adolescentes y adultos que no saben de dónde vienen. Ya sea porque son fruto del esperma o la ovodonación —otro eufemismo que enmascara con éxito las oscuridades de un enormísimo mercado— o porque nacieron luego de ser gestados por mujeres que luego del alumbramiento no pudieron vincularse con ellos. 

Olivia Maurel y el Dr. Bernardo García Larraín.

Con la asistencia de una intérprete simultánea, Maurel contó en inglés que ese desconocimiento atenta, entre muchas otras cosas, con la transmisión de la historia familiar. Que, cuando personas de orígenes imprecisos como ella tienen sus propios hijos, las ramas de los árboles genealógicos encuentran sus límites, sus finales y secretos. Pero no solo eso. Maurel reconoció que el trabajo que llevan adelante en Declaración de Casablanca es gracias a voluntarios que tienen vidas trastocadas por el robo de su identidad. Dijo que no todos están en condiciones de hablar públicamente o incluso enfrentarse a sus familias de crianza —en general, con recursos económicos y sociales de sobra—, y que trabajan en la organización “like ninjas in the dark”. Como ninjas en la oscuridad. Con miedo, con vergüenza. 

Olivia se mostró optimista respecto del estado de situación de la subrogación de vientres en Argentina. Sostuvo, y lo dijo más de una vez, que “todavía tenemos una oportunidad” porque, aunque la práctica es un hecho, todavía no hay leyes de regulación pese a la existencia de varios proyectos.

También subrayó algo alentador sobre su espacio militante. Dijo que es totalmente transversal, porque agrupa feministas, agnósticos, católicos, personas de izquierda y personas de derecha, de principios liberales y conservadores. Subrayó que, aún en esa diversidad, fue posible encontrar el consenso sobre la abolición de una práctica tan inhumana e inserta en la cultura del descarte de la que habló el Papa Francisco. Para nosotras, la transversalidad a la que hizo referencia Olivia es un vago recuerdo de los palaciegos días verdes y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

No fue esa la primera vez que irrumpió la palabra “política” en la charla. Antes, en la apertura del evento pero posterior a la lectura de Clara Muzzio, el chileno Bernardo García Larraín, Doctor en Derecho y encargado de Asuntos Internacionales del Ministerio de Desarrollo Social y Familiar de Chile bajo la presidencia de José Antonio Kast, señaló la dificultad de encontrar puntos en común entre países, debido a los problemas políticos entre ellos. A eso, podemos sumarle la falta de diálogo y acuerdos en un país como Argentina, donde los modelos cambian cada cuatro años y con ellos, las prioridades y agendas. En cuarenta años de democracia, los signos políticos y las alternancias, las crisis y la inmadurez, han forjado contados acuerdos comunes. Parecía escrita en piedra, sin embargo la política de derechos humanos sostenida del ‘83 en adelante nunca estuvo más hackeada que durante los últimos años. 

Además de su paso por la Legislatura porteña, el recorrido de Olivia Maurel por distintas instituciones de Buenos Aires fue promovido por el ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires y por el diputado de La Libertad Avanza por Santa Fe, Nicolás Mayoraz. Asimismo, la portavoz de Casablanca brindó charlas en dos instituciones de alto prestigio como la Facultad de Derecho y la Universidad Austral, acompañada por profesionales de la salud y también por abanderados de la defensa por las dos vidas, bregando por las mujeres económicamente más vulnerables.

En este estado de cosas, es inevitable pensar cómo dialoga la consigna de la última ola feminista “mi cuerpo, mi decisión” con algunos de los temas tabú que nos atraviesan como sociedad a la hora de legislar. La incomodidad aparece cuando se torna complejo establecer el límite entre las decisiones que son privadas y aquellas que trascienden la esfera individual para afectar a terceros. Del artículo 19 de nuestra Constitución Nacional: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”.

Es en esta garantía constitucional en la que muchos y muchas se apoyan para sostener que la gestación por sustitución puede ser incorporada cómo práctica permitida y regulada en nuestro país: la libertad de decisión. 

En este marco, la noción de “acciones privadas que no afecten a terceros” no solo podrían ser el aval suficiente para que una pareja busque una gestante a cambio de una contraprestación dineraria, sino también para una mujer decida alquilar su vientre, por ejemplo, para afrontar un presente de profunda crisis económica. Porque, aunque ningún proyecto de ley lo reconozca, en la mayoría de los casos en los que esta práctica se lleva a cabo en nuestro país, existe un contrato tácito que implica importantes sumas de dinero. Esto sobrecarga a quien gesta de asumir riesgos mayúsculos; a la salud, por supuesto, pero también en lo económico. La gestante queda sujeta a condiciones fundadas en la buena voluntad de los padres comitentes. Bebés en el vientre, palabras en el viento.

3

En marzo de 2026, la senadora Anabel Fernández Sagasti solicitó que se diera trámite legislativo a un proyecto de ley presentado en el año 2022, con la incorporación a nuestro Código Civil y Comercial de la Nación de gestación por sustitución como técnica de reproducción humana asistida. En este sentido, es interesante destacar que su proyecto propone la modificación, entre otros, del artículo 562, que se ocupa del concepto de voluntad procreacional. Allí, se establece que “las personas nacidas por las técnicas de reproducción humana asistida son hijos o hijas de quien dio a luz y de la persona que también ha prestado su consentimiento previo, informado y libre”. Este artículo es, en esencia, el bastión sobre el que sostiene la contradicción de nuestro ordenamiento legal y la figura jurídica de la subrogación de vientre. Puede existir otra madre o un padre, pero en territorio argentino el único vínculo filial que es indiscutido y se presume es el del bebé con quien lo gestó y lo parió. 

Apenas meses antes de colocarse en el centro de la escena por la indicación médica que le impedía viajar de Mendoza a Buenos Aires para participar de la votación por la llamada Ley de Tierras a comienzos de agosto, y por la que, embarazada de 32 semanas, recibió el descrédito de compañeros y votantes de su propio espacio, el proyecto de la Senadora propone que se incorpore la figura de la gestación por sustitución como excepción al texto anterior, en un apartado dentro del mismo artículo. Lisa y llanamente, se determina que en los casos en los que los hijos nacen a través de esta práctica, los hijos sean de los “requirentes”, eliminando así el vínculo establecido en el proceso de gestación entre esa ya no madre y el bebé quien, una vez nacido, se inscribirá como hijo de los comitentes. 

El proyecto también establece una serie de requisitos para poder llevarse a cabo: que la relación entre las partes no tenga fin de lucro, que la gestante sea una mujer que goce de buena salud, que la o las personas requirentes tengan una imposibilidad concreta de concebir un hijo y que las partes tengan lazos afectivos entre ellas. En suma, y como en muchos casos en otros países del mundo, la intención de este proyecto parece encontrar su asidero en el altruismo o en la solidaridad. Una serie de condiciones difíciles de imaginar o que, a la hora de contrastarse con el escenario fáctico, parecen escritas para una sociedad que no es la nuestra.

Las buenas intenciones se escurren como excepciones entre los casos que cada tanto toman relevancia mediática. Hijos que son abandonados por requirentes y por gestantes en virtud de alguna condición de salud inesperada, mujeres que aguardan por promesas incumplidas mientras se les digita la vida durante los meses que duran los tratamientos y el embarazo, mujeres coaccionadas a abortar los hijos que llevan en sus úteros.

No resulta tan sencillo legislar sobre la línea difusa que se establece entre la moral individual y la afectación a terceros. Es difícil decirlo pero esta postura —la que propone legislar suponiendo que todo es buena voluntad sobre un cielo surcado por un arcoiris— es quizás la hipótesis más alejada de la realidad del país y la región. No responde a ninguna problemática de las que atraviesan las vidas de los argentinos o de las argentinas. Incluso, oponerse por completo y promover la abolición, como propone Maurel, parece encontrar mejores argumentos para conseguir apoyo político y social. 

El arco político tiene que decidir qué va a ofrecer frente a la desidia que exponen el debate público y la realidad efectiva, y decidir cuál de los derechos en pugna es el que va a primar. De lo contrario, la únicas certezas son dos: que el mercado seguirá marcando el ritmo de esta práctica y que somos un país empobrecido, un combo cuya respuesta más adecuada no parece ser la institucionalización de “poner el cuerpo a disposición del deseo de otros por mera solidaridad”. Legislar creyendo que un buen día florecerán mil mujeres con unas ganas irrefrenables de gestar hijos por amor al prójimo es hablarle a cualquiera menos a la sociedad argentina y a las mujeres que habitan nuestro suelo.

4

¿Y si una pareja desesperada se ofrece a saldar la deuda que tenés con Mercado Pago o Tarjeta Naranja? ¿Y si esos desconocidos que te contactaron por Facebook pueden cancelar tus tarjetas, terminar de pagar el crédito de la heladera y el lavarropas en la casa de electrodomésticos, sacarte del Veraz, dejar tu cuenta de Efectivo Sí en cero? Según la Consultora Analytica, al día de hoy se registran 19,8 millones de personas con algún crédito en el sistema financiero —ya sea bancario, de Fintech, de mutuales o de fideicomisos financieros. Dentro de ese universo, hay una población de más de 5 millones con una mora mayor a 90 días. 

El crédito ya no se propone como un mecanismo de crecimiento sino como una herramienta que busca morigerar las condiciones del presente. La toma de deuda —con condiciones leoninas, tasas elevadas— se cronifican y se vuelven estructurales, y hace funcionar a los hogares bajo la lógica de la urgencia. En los hogares monomarentales, esta situación de sobrecarga permanente y asedio es todavía peor. Este es el contexto preciso que la industria de la subrogación necesita para que su práctica, de repente, no parezca una solución tan descabellada. 

Suscribite a Vayaina Mag o colaborá con un Cafecito

Florencia Lucione es abogada en ejercicio y se especializa en casos de subrogación de vientres. Colabora con columnas sobre actualidad en distintos medios de comunicación. Escribe para saber qué piensa sobre las cosas que no entiende.

Paula Puebla es autora de Una vida en presente, Maldita tu eres y coautora, junto a Julia Kornberg, de Diario de un tiempo mesiánico (17 grises). También escribió El cuerpo es quien recuerda (Tusquets). Da clases de escritura en NN, hace clínica de obra y colabora en medios. En compañía de Victoria Sosa Corrales, es CEO de Vayaina Mag.


Descubre más desde VayainaMag

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

TEMAS

  • Duelo perinatal

    Octubre es el mes de concientización y visibilización del duelo perinatal. ¿Qué se ignora y qué se sabe acerca de la pérdida de un embarazo? Por Miranda Scian.

Descubre más desde VayainaMag

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo