Miriam Morales vive en San Salvador de Jujuy. Es Magister en Psicología Social de la Universidad Nacional de Tucumán y vino a Buenos Aires para charlar con Diego Genoud, en Fuera de Tiempo, sobre Niñas sirvientas. Una práctica habitual en la provincia de Jujuy. Vida cotidiana y subjetividad, libro editado por Tiraxi. 

Este es un libro que recupera voces silenciadas de campesinas, pobres y necesitadas. Mujeres que hoy son adultas, pero alguna vez fueron niñas, separadas de sus familias de origen para trabajar en la servidumbre a cambio de techo, de vestimenta, de comida, pero no de un salario. Son voces silenciadas de una práctica habitual, no de algo extraño. ¿Cómo lograste recuperarlas? ¿Cómo hiciste para que esas mujeres se decidan a hablar con vos de eso que es tan difícil de nombrar?

Es fruto de la investigación de mi tesis de maestría en Psicología Social. Si bien hay una recopilación del origen histórico de esta práctica, cómo se fue desarrollando, yo la investigo desde el hoy. Son las voces actuales de esas mujeres y las marcas que quedaron en su subjetividad. He ido conociendo muchas, me fui sorprendiendo de una mujer, de otra. Las primeras voces que escuché fueron de amigas, de compañeras de trabajo y de lucha, en momentos de intimidad en los que salen los dolores de la vida. Enseguida surgía me pasó esto, esta fue mi infancia, nunca supe por qué o no entendí por qué mi mamá me entregó, desde niña trabajé, viví realizando trabajo doméstico, servicio en otra casa. En algunos casos, incluso pasaban por el Buen Pastor, algo que es también muy frecuente y tiene toda una historia en Jujuy. 

¿Qué es el Buen Pastor? 

El Buen Pastor es una institución, una congregación religiosa, que se formó a fines del 1800. La conocí a través de una investigación de Lucía Mallagray que accede al archivo del Buen Pastor y dan cuenta de que allí iban las niñas pobres y huérfanas. Se las adiestraba y educaba, y después eran repartidas por las mujeres de la oligarquía local, las damas de beneficencia, en las en las distintas casas. Esta práctica funcionó hasta hace no mucho tiempo. He escuchado relatos que decían: Mi mamá iba al Buen Pastor y traía una chica y después otra. O también, como dice el libro, se escuchan voces que amenazaban: Si te portás mal, te mando al Buen Pastor. A lo largo de la historia, se registran muchas instituciones que son parte de esta práctica. Es decir, no es que hay un estado ausente sino un tipo de estado con rasgos feudales o coloniales, que son las características que tiene Argentina. Un país dependiente con una historia colonial.

Decís en el libro que, al ser una práctica normalizada y naturalizada, no se la nombra o se lo hace con disimulo. Se puede hablar de la niñera, de la chica que ayuda en casa, de la muchacha, de la criada pero se evita decir la palabra sirvienta. ¿Por qué?

Fue una de las cosas que me llamó la atención para investigar, cómo es que había tantos casos y esto no tenía un nombre. En la actualidad, es algo que se nombra con mucho disimulo, pero si vas tiempo atrás podía estar en un aviso de diario “Se busca sirvienta”. Aunque hoy no es así, no quiere decir que no exista. Por un lado, desde el dolor de quien tiene este rol de servidumbre y por el otro, desde el disimulo de quien es patrón o patrona.

Hay algo que también me sorprendió mucho, y es que yo tenía la idea de que principalmente la servidumbre se daba en casas de terratenientes. Pero no; es una práctica masiva porque se reproduce en todas las clases sociales, incluso en familias campesinas, campesinas pobres o dentro de la familia. Se dice Me llevo a la sobrina para trabajar en mi casa, capaz a otra provincia o a otra localidad. Pero esa sobrina no tiene el mismo rol que una hija y está allí para trabajar a cambio de un pago en especies, que a veces es el acceso a la educación —algo que quizás no hubiera podido tener con su familia de origen.

“Lo que hoy conocemos como trabajo doméstico en nuestro continente, no nace como un trabajo, servicio u oficio remunerado, sino que se origina a partir de las relaciones de servidumbre producidas por la conquista y la colonización española mediante mecanismos de violento despojo”, decís en la página 56 del libro. Esta situación se replica en Argentina y en otros países de América Latina. Hay cosas que cambiaron pero ¿qué todavía no cambio?

Esto que vos leés da origen al racismo, algo que está muy presente en el norte argentino. Hablando de despojos y de tierra, en Jujuy cada vez más seguido aparecen noticias de desalojos a comunidades originarias. Hay un desprecio a la cultura.

En los testimonios, se escuchan muchas ocasiones donde se impuso y se cambio un nombre, donde a las nenas se les cortaron las trenzas porque tienen piojos

Eso es lo que decían el patrón o la patrona.

La patrona, que tal vez también viene de un origen que no es blanco europeo, ¿no? El racismo se reproduce como parte de una ideología dominante que necesita despreciar, desvalorizar lo propio para apropiarse. Estamos en una vuelta al fortalecimiento de esas ideas, aunque obviamente también hay resistencia.

Comentabas fuera del aire lo que te pasa cuando escuchás hablar a Milei o el mensaje que baja el gobierno…

A fin del año pasado, Milei regaló a su gabinete un libro de Walter Block, Defendiendo lo indefendible, que explícitamente habla de lo bueno que es el trabajo infantil, la trata de personas. Desde la libertad individual, reivindica el trabajo infantil porque si hay un niño que necesita trabajar y alguien que necesita darle empleo, se justifica. Es gente que obviamente piensa que pertenece a otra especie, ¿no? Más allá de que vivimos bajo el sistema capitalista, se quiere volver al trabajo servil y esclavo porque sigue redituando.

Hace meses el gobierno actual, como el de Estados Unidos e Israel, se opuso a votar contra la trata de esclavos como un crimen de lesa humanidad, junto a otros 50 y pico de países que se abstuvieron. Evidentemente es un tema de actualidad que sigue dando rédito y que convive con el sistema capitalista, con la inteligencia artificial y con todas las otras formas más de ganancia. 

Nada más que se oculta bajo la alfombra. En el caso particular de la investigación, no se ajusta solo al impacto que tiene en la estructura social sino las marcas en la subjetividad de las miles de personas, de mujeres particularmente, que pasan por esta situación. Yo al libro le puse en Niñas sirvientas y fue un título que costó un montón. Lo consulté con quienes entrevisté, ¿por qué es tan doloroso?

Luisa, que nació en Angosto de Jaire, a 25 kilómetros de San Salvador de Jujuy, dice: “No entiendo hasta ahora por qué mi mamá me entregó a los patrones”. A veces tiene que ver con una decisión de las madres para proteger a esas niñas de un padre abusador, de la pobreza extrema. Pero esa niña no lo puede asimilar durante el resto de su vida, ¿no?

Esa frase retumba en la cabeza toda la vida. Creo que ella me dijo que a la primera persona que le pudo contar eso fue en un taller de alfabetización, porque antes no había podido estudiar. Allí salió toda esta historia que la torturaba, y esa pregunta que no podía resolver aunque su madre ya no existía. En muchos casos, todos los hermanos son entregados por estrategias de supervivencia frente a condiciones muy duras, muy difíciles, de mucha pobreza. Pobreza que hay en todos lados pero sobre todo en el interior del interior. Capaz que no se conocen las formas de resolver la existencia que también hay en en distintas zonas rurales, en distintos pueblos y a veces pasa esto, ¿no? 

Pensemos lo difícil que es para un niño de 4 o 5 años de edad que lo saquen de su núcleo familiar, que vaya a otro lugar a servir, a veces muy maltratado o segregado, esto podés usar, esto no. Eso deja heridas muy grandes que a veces no son fáciles de comprender, sobre todo cuando no la podés exteriorizar. Exteriorizar es un primer paso para mí, por eso convertí la tesis en libro, porque me parece que es importante que esas voces empiecen a hablar. En algunas presentaciones estoy siendo acompañada por mujeres o que vivieron esa vida de niñas o que fue su mamá la que la vivió y esa hija la convirtió en una copla o en algo que ayuda a sanar estos traumas. Porque estas son situaciones traumáticas y son una construcción colectiva.

Entre los testimonios, aparecen Sara, Gladis, La Flaca, Manuela, Graciela. Todas hablan de la separación, del desapego, de la pregunta de por qué alguien las dio o las rechazó. ¿Qué repercusiones tuvo hasta ahora el libro?

Primero, el libro fue digital. Después la Universidad de Jujuy hizo una tirada. Ahora lo reedité. Cualquier lugar donde lo presento, me empiezan a llegar testimonios, se me acercan a contarme Esto me pasó a mí, esto lo tenía muy guardado, esto le pasó a mi mamá, esto le pasó a mi abuela.

El año pasado, en el Encuentro Plurinacional de Mujeres, fue la primera vez que hubo un taller sobre este tema. Se llamaba “Servidumbre doméstica o niñas sirvientas” y vinieron mujeres de distintos lados a hablar. Muchas en primera persona, otras contando la historia de su mamá. En Buenos Aires, se sabe de toda la gente que viene del interior y, no todos pero en algunos casos, ese “cama adentro” es en condiciones de servidumbre. 

No sabía que el origen del vocablo familia. Hablás del régimen patriarcal, de racismo, de clasismo, de todas las violencias.

Sí, de la interseccionalidad en todas ellas, ¿no? A veces se mira una u otra pero yo no las podía ver separadas. En la niña sirvienta podés ver la relación de poder que hay: por ser niña, por ser mujer, por la clase social de la que viene, por la cuestión racial. Son todas esas relaciones las que ahí se entremezclan.

Vos mencionás que “El padre de familia es el dueño de su mujer y su descendencia” y ubicás el origen del vocablo familia, que proviene del término griego famulus. Significa esclavo doméstico, ¿no? 

La familia era el conjunto de esclavos domésticos, en la antigüedad. Porque el patriarcado concibe su origen en la sociedad de clase. Por eso digo que no se pueden ver las violencias separadas. Por ejemplo, la cuestión de género separada de la cuestión de clase. No siempre en la humanidad hubo clases sociales y no siempre hubo patriarcado y apostamos a que, en un futuro, pueda no haber clases sociales y patriarcado. De lo que se trata es de una historia de la humanidad que, a partir de esa división, las mujeres fuimos a formar parte de una organización familiar con dueños, ¿no? O sea, el jefe de familia como dueño de sus esclavos.

¿Cómo y cuándo esas mujeres salen de la servidumbre?

Cuando crecen. Aunque hay mujeres que lo hacen toda su vida, generalmente en la adolescencia se escapan o, como me dijo una mujer, “me hice de un hombre para poder irme”. O piden volver a su casa. Aunque a veces las condiciones cuando se van también son muy duras.

Yo elegí trabajar en un solo comedor, aunque relatos tengo muchos. Sí, sigue siendo hoy la vida difícil de esas mujeres. Esos nombres que vos leíste no son sus nombres reales, pero sí son mujeres reales que expresan también lo que le pasa a un montón de otras que quizás siguen trabajando, justamente, en comedores, en tareas de cuidado, no reconocidas, no remuneradas. Y que quizás, en muchos casos, no reprodujeron lo mismo con sus hijos o sus hijas, también porque tuvieron con mejores condiciones de vida, ¿no? Los planes en su momento ayudaron, porque trabajaban a cambió de uno. 

Hay un planteo sobre el final del libro donde se reconoce la importancia de los comedores comunitarios, para tratar de contrarrestar la servidumbre, y señalás la importancia de los planes sociales. 

Estamos hablando de medidas que ayudan a palear la extrema pobreza. Desde ya que lo mejor sería una estructura social, pero en eso también va para atrás. Hoy se ve y es alarmante el tema de la deserción escolar en la primaria, no solo en la secundaria, y uno se pregunta dónde están esas niñas y niños. Nosotras desde la multisectorial de mujeres, en Jujuy, ya hicimos un planteo a la Legislatura para que se haga una ley de reparación para las mujeres que vivieron estas situaciones. Ha sido escuchada, está pendiente que escuchen la investigación y creo que sería importante para ponerlo sobre la mesa.

Me compartías imágenes de la represión de la semana pasada sobre comunidades originarias, decidida por el Gobernador Sadir, del radicalismo.

En Santa Rosa, en la Quebrada Humahuaca, en distintas localidades. Entre lo que fue la reforma de la Constitución en el 2023, con una represión tremenda antes de que se este modelo ya sea nacional, y la aprobación del RIGI, con esas dos herramientas avanzan sobre toda la riqueza que tiene la minería, el cobre. Y no les importan las comunidades originarias que están allí, tampoco hacerlo salvajemente. Hay una multisectorial con respecto a la defensa de la tierra en Jujuy que está organizándose por la preocupación que significa que tomen recursos como el agua y la tierra, que es un tema que ha sido en estos días noticia. La tierra no viene sola: además de los recursos, tiene sus pobladores. Y  cuando se apoderan de la tierra y de los pobladores, es más fácil que estas relaciones de servidumbre, lejos de ir desapareciendo, se vuelvan a fortalecer.

Durante el Mundial de fútbol, se habló de la Argentina como un país racista. ¿Qué tipo de país dirías que es la Argentina?

Diría que es un país que, a pesar de que hubo una independencia, tiene resabios coloniales y feudales por la historia de lo que fue la conquista. Diría que esa independencia quedó inconclusa. 

Los resabios feudales se ven y se expresan también en la política, en las formas de ganarse la vida y también en cómo se resuelven las tareas domésticas. Aunque no se hable de esto, ese pilar invisible de la sociedad —que no son solo las tareas productivas, sino también las reproductivas— se garantiza en algunos casos con esas infancias, con relaciones de servidumbre. No son pocas las mujeres que tienen esta vida y tiene que ver con un tipo de país que sigue siendo dependiente, y con intenciones de que esa dependencia vaya nuevamente a su sentido más colonial.

Pero también hay una resistencia a todo eso y se vio, como vos mencionás, en el Mundial de fútbol. Además de la discusión detrás de la bandera argentina, el volver a sentir orgullo por lo propio y decir Esto es nuestro. Y no por nada ganarle a los ingleses, que son una potencia imperialista, era lo más importante de todo. Creo que hay que ver los dos aspectos: el de la dependencia pero también el de la lucha para resistirla.

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