En Atomizado Berlín (Anagrama, 2026), la escritora Julia Kornberg narra la vida de los Goldstein. Una familia acomodada de Buenos Aires que, en pleno estallido social del 2001, se establece en un country del barrio Nordelta. En el inicio, la historia es presentada por Angélica, amiga y cómplice de la única hija de la familia. Luego, son Nina, Jeremías y la sombra de Mateo, quienes cuentan su propia historia, la de tres hermanos que atraviesan una crisis existencial.  

Se trata de una novela que escarba entre la adolescencia y la juventud; que explora la mutación de los lazos de hermandad, y que está marcada por hechos trágicos que funcionan como señaladores temporales pero también como símbolo de la transformación personal de sus personajes. Por último, un denominador común que circula a lo largo de toda la historia: la culpa de clase. Algo que puede inferirse a partir del título de la primera parte: “Los chetos también se quieren morir (2004-2018) ”. 

Desde Cromañón hasta el conflicto bélico que tiene a Israel como protagonista, la historia delinea el contexto con referencias históricas signadas por el dolor, que marcan a sus personajes aunque estos no siempre sean partícipes de esos hechos. Esta decisión funciona como un ejercicio de diálogo directo con el lector. Invita a quien está del otro lado a sentirse parte, recuperando el sentido colectivo de la literatura, y abonando a la idea de que la lectura y la escritura rara vez surgen de una experiencia aislada. 

Es un libro digno de ser llevado a la pantalla grande. Una historia que podría ser dirigida por Sofía Coppola, si pensáramos en su singular capacidad para contar los pesares de los ricos. Narrada en distintos tiempos históricos, y en algunas de las metrópolis más importantes del mundo, la primera novela de Kornberg invita a repensar el concepto de generación. 

1.

“Cuando me abrió la puerta apenas un día antes de Año Nuevo, Tobi tenía los ojos rojos y me dio un abrazo largo, dejando que nuestras piernas y nuestros hombros se tocaran. La noche anterior, ciento noventa y cuatro adolescentes se habían quemado vivos en República Cromañón mientras prendían bengalas, ‘Qué masacre crecer’, dijo, y escribimos la tragedia en una de nuestras canciones. Después de ese treinta de diciembre no volvimos a pisar un boliche o una sala de ensayo por mucho tiempo”. Así, en la voz de Jeremías Goldstein, la escritora señala el hito identitario de una juventud signada por la tragedia colectiva. 

Kornberg recupera este hecho, no solo para situarnos en tiempo y espacio, sino también para hacerlo dialogar con la crisis identitaria que supone la adolescencia. De eso se nutre para ilustrarla en uno de sus aspectos más característicos; el de caminar sobre la delgada línea que separa la libertad y la diversión del peligro inminente: “Cemento era un caos del que nadie podía salir. Los cuerpos se encaramaban los unos sobre los otros como en una pulsión imposible de vida, bandas enteras de adolescentes estallados de drogas impensables. Mi generación estaba atrapada y mis músculos vencidos (…) Nosotros no mirábamos al cielo sino más bien al escenario. Junto a mí, una chica que parecía no tener más que doce años empezó a sangrar, no sé bien por dónde. En el piso comenzó a acumularse un charco rojo que la gente pateaba, formando figuras abstractas que las zapatillas diseminaban a su paso. Entonces supe qué era tener miedo. Pero no podía moverme ni salir, así que bailé”.

La escena sintetiza así que la ilusión de omnipotencia puede quebrarse de golpe. Al exponerlo desde la experiencia directa del personaje, el texto retrata esa bisagra en la que el vértigo de la juventud puede volverse caótico.

2.

Esa tensión también puede proyectarse al plano íntimo, donde el despertar sexual funciona como forma de conectarse con otra realidad social. La atracción que siente Nina por un muchacho joven, profesor de tenis, que milita en un partido de izquierda y es fanático del rock nacional sofisticado, se vuelve el vehículo para explorar otro mundo. Así, la autora logra conformar una mamushka de elitismos descriptos con una lucidez y una ironía que trafican una crítica entre la risa y la nostalgia. Un guiño a las siempre vigentes ínfulas de estatus cultural.

En la primera parte del libro, el contexto sociopolítico podría ubicarse en el tiempo del “ALCA, ALCA, AL CARAJO”. Allí, podemos identificar una falsa contradicción: los ideales de cierta élite adinerada y amante de lo europeo pueden asemejarse a una idiosincrasia que, por erigirse antiimperialista, también ve en el viejo continente un valor en sí mismo. Dicho signo de época también se percibe en la figura de Jeremías, un Goldstein que oscila entre las fiestas en la playa de Punta del Este y el Nacional Buenos Aires. Dos mundos que, en la retórica militante, se suponen contrapuestos. 

Sin embargo, Kornberg trabaja de forma minuciosa para lograr que esos mundos coexistan sin dificultad, evocando la nostalgia de aquellos años en los que nos enorgullecíamos de ser hermanos del Uruguay gobernado por Pepe Mujica. La escritora logra espejar la romantización del país vecino —propia de los años mozos del kirchnerismo— con la fascinación de la clase acomodada argentina por las exclusivas playas de Punta del Este y José Ignacio.  

3.

En Atomizado Berlín la crisis de los hermanos no solo tiene su raíz en la resquebrajada relación con sus padres, o en el desamparo al que se encuentran expuestos, sino que nace de un vacío existencial, y de la falta de sentido de pertenencia. En este contexto, la violencia los alcanza de lleno cuando cada uno de ellos se expone a distintas situaciones límite que funcionan como puesta a prueba para confirmar que están vivos y que hay un propósito superior relacionado con algo colectivo. Sus dilemas no tienen raíz en la apatía, sino en las tensiones internas del sujeto, en los fuegos cruzados que no pueden sortear.

Lo que está atomizado no es solo la ciudad o el núcleo de la familia Goldstein, sino una generación entera, que se fragmenta entre la tragedia colectiva, las contradicciones de clase y el desconcierto personal. ¿Qué tragedias actuales son las que van a marcar a esta generación de jóvenes? ¿Cuáles serán sus grupos de pertenencia? ¿Qué proyectos colectivos son aquellos por los que militan? ¿Existen intereses de realización superior en una escenario social que soporta una sucesión de generaciones atomizadas? ¿Todavía existe el deseo de trascender?

Este libro fue publicado por primera vez en el año 2021 por el sello editorial Club Hem. Cinco años más tarde, podemos decir que Kornberg supo prever este presente, y describió un futuro de ficción que se asemeja por demás a la realidad del mundo actual y de aquel hacia el que vamos. “Economía de guerra (2018-2034)”, así inicia la segunda parte de esta historia que se caracteriza por transcurrir en otro continente, y que describe las consecuencias de un primer mundo azotado por la propia dinámica global de años ininterrumpidos de guerra y de intentos por conformar una nueva resistencia capaz de sostener la hidalguía del pasado. Una puja que es también el reflejo del mundo propio de los personajes. Una vida que nunca parece ser suficiente.

Julia Kornberg. Foto: Caroline Tomnkins

4.

Frente a la impostura del entorno que acecha a los personajes, la relación entre los hermanos Goldstein aparece como el verdadero bastión de esa resistencia que cada uno de ellos busca en distintos puntos del mapa. Así, conforman una suerte de comunidad que, por momentos, logra amortiguar los embates de una vida familiar que se desintegra. Un desafío contra el transcurrir solitario y empantanado que rodea a los hermanos. Un vínculo que los rescata una y otra vez de la soledad mediante una mirada compasiva.

Ese amor, que toma distintas formas, se abre paso entre la nostalgia. Y su permanencia se torna tangible en los intentos de Nina por reconstruir la última porción de vida de Mateo, el hermano del medio, quien decide formar parte del ejército israelí, tras enterarse de que la muerte lo acecha. En ese relato se abandona toda fricción existente entre los tres para hacerle lugar a la complicidad que entreteje sus historias a través del tiempo. 

La sensación de mediocridad que circula alrededor de los padres se esfuma cuando los jóvenes Goldstein dialogan entre ellos; es ahí donde reconocen las miserias del linaje y acarician las heridas abiertas de un legado que parece su único destino, uno del que es imposible escapar aunque cada uno de ellos emigre al otro lado del mundo buscando, sin éxito, llegar a la tierra prometida. 

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Florencia Lucione es abogada en ejercicio y se especializa en casos de subrogación de vientres. Colabora con columnas sobre actualidad en distintos medios de comunicación. Escribe para saber qué piensa sobre las cosas que no entiende.


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    La generación atomizada

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