“La primera vez que Mary Quant cortó tela de más, inventó la mujer moderna. Si en la moda todo desaparece para volver, la minifalda nunca se fue. No es poco valor simbólico que desnude la parte femenina que se pliega para avanzar. Esas rodillas al aire libre son un principio civilizatorio para varones durante años convencidos de la unidad mostrar = ofrecer. A menudo combinada con las botas altas, de caña, la minifalda las desmilitariza. Qué tiene que ver una amazona con un general”
María Moreno

Dos episodios recientes con la marca del Made in Italy -uno de moda y otro de política- tuvieron a la falda como protagonista. Con apenas días de diferencia, Miuccia Prada presentó en la Fashion Week de Milán su colección primavera-verano 2027 con nada menos que 63 variedades de faldas. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Italia Antonio Tajani recurrió precisamente a la longitud de una falda para explicar qué tipo de mujer le recomendaría a su hijo como esposa. Entre una fémina llamativa y “fascinante” y otra que no lo es tanto y usa “la falda un poco más larga”, le aconsejaría que priorice a la segunda ya que “la fascinante”, según su razonamiento, tendría más posibilidades de ser infiel y abandonarlo, mientras que la segunda sería más confiable y una “buena madre de familia”. La comparación no terminaba ahí. Para explicar por qué el electorado debería confiar en la centro-derecha italiana y no dejarse embelesar por la nueva derecha, Tajani dijo que su espacio político era como esa segunda mujer: menos llamativo, pero más confiable. Los dichos se viralizaron y, al ser consultado por la prensa, Roberto Vannacci, referente de la derecha radical italiana, mató a la metáfora afirmando que entre una mujer con la falda larga y otra con la falda corta, él prefería “siempre la mujer sin falda”. Touché.

“Falda larga o corta? A la mujer la prefiero siempre sin”. Roberto Vannacci, referente de la derecha radical italiana.

Mientras a través de la exhibición en la pasarela de una plétora de modelos en seda, lana, algodón, pedrería, bordados, plisados, motivos florales y tonos neón, Miuccia Prada parece preguntarse por la versatilidad de la falda, la derecha italiana la sigue pensando como la medida de la respetabilidad y confiabilidad de una mujer. Hay cosas que el conservadurismo nunca suelta. La obsesión por la vestimenta de las mujeres es una. Y se expresa en la pasión por intervenirla, dictar normas morales sobre su uso y crear estereotipos, que luego son internalizados y se vuelven sentido común. Lo que esta vigilancia esconde, en el fondo, es la ansiedad por la libertad femenina. ¿Qué tenía puesto? es una de las preguntas que sigue formando parte del repertorio de sospechas alrededor de una mujer violentada y, vale decir, es formulada tanto por hombres como por mujeres. Como bien señala Maria Moreno, no es poco valor simbólico que la minifalda desnude la parte femenina que se pliega para avanzar. Este invento revolucionario de la diseñadora Mary Quant y emblema de los cambios culturales de los años sesenta fue y continúa siendo un símbolo de emancipación y de poder inquietante.

Fotos: Vogue

En la política hay varios ejemplos. Hasta hace no tanto, Brigitte Macron escandalizaba a los franceses más por la audacia de transgredir la regla de que, después de cierta edad, una mujer no debería mostrar las rodillas que por los años que le lleva a su marido. Marine Le Pen también despertó odios, llamados al decoro y acusaciones de Photoshop cuando abandonó el pantalón habitual y mostró sus piernas en un afiche de la campaña de 2017. Sentada sobre el escritorio de su biblioteca vestida con un blazer azul y una falda negra que dejaba al descubierto la rodilla y la parte superior del muslo llamaba a  Choisir la France. La mejor Cristina es la Cristina de tailleurs con falda y vestidos. Aunque recordemos también el lío que se armó cuando apareció con calzas negras.  

Brigitte Macron, fan de las minis
Campaña de 2017 de Marine Le Pen.

Las declaraciones del ministro Tajani provocaron la indignación también de varias senadoras de los partidos de oposición de centroizquierda quienes se presentaron a trabajar vestidas con minifaldas.

Instagram: Malpezzi

Resulta curioso cómo las nuevas camadas de mujeres en política, las libertarias argentinas, por ejemplo, han renunciado a la falda para envolverse en trajecitos y pantalones sastre. ¿Por qué las mujeres que participan de espacios políticos que reivindican explícitamente ciertas formas de feminidad tradicional prácticamente no recuperan la falda como signo político? Tal vez porque, como señala Christine Bard en Historia política del pantalón, “la prenda de la resistencia, en la actualidad, es visiblemente la falda”. Y lo que estas mujeres representan es precisamente lo contrario: la sumisión más absoluta a la lógica que les imponen los hombres de su espacio político. 

La diputada libertaria Virginia Gallardo

En definitiva, lo que la colección de Miuccia Prada viene a recordarnos (y de ahí su potencia política) es la fuerza de la moda y, en particular, la de una prenda que representa la libertad de recrearla, de llenarla de ideas propias y personalidad, de reinventar las reglas para que cada una sea la mujer que quiera ser. Y esto, todavía, resulta difícil de digerir. Ahí reside su poder revolucionario.

Foto: Vogue

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Vicky Sosa Corrales es licenciada en Ciencia Política y trabaja en comunicación. Es asesora de imagen profesional y colabora en distintos medios. Creó y escribe el blog de moda y política @realpolitichic. Junto a Paula Puebla es CEO de Vayaina Mag.


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