Detrás de unos lentes naranjas —quizás en alusión al medio en el que trabaja, quizás para maquillar ojeras o quizás por una simple elección de estilismo— Cecilia Boufflet dispara el siguiente interrogante: «¿Cuánto hay que ahorrar por mes si querés llegar a los setenta años con un millón de dólares?». La escenografía no obedece a la de un reality show de preguntas y respuestas. Sin embargo, la tonalidad se siente circense. ¿Quién no quisiera tener un millón de dólares? Uno de los panelistas irrumpe el decorado con su rostro abatido. ¿En qué universo paralelo es factible alcanzar esta cantidad de dinero?
Si nos detenemos en la Argentina que navega en la vía láctea, podríamos decir que el panorama no es tan alentador. La inflación de marzo fue la más alta de los últimos doce meses. Por supuesto que si comparamos con las cifras reales —no las de Guillermo Moreno, que no casualmente corrió con menos suerte que la de Marco Lavagna al salir del INDEC— de los gobiernos anteriores, es innegable que desde que asumió Javier Milei la inflación ha bajado drásticamente. En diciembre del 2023, la inflación mensual superaba el 25%, mientras que ahora tenemos una suba de precios de un solo dígito. Incluso, la inflación de abril, informada en 2,7%, cerró en baja por primera vez en diez meses. Entonces, ¿por qué la gente siente que es cada vez más difícil llegar a fin de mes?

Son los gastos fijos, estúpido
El 26 de enero de este año, el Gobierno prorrogó la emergencia del Sector Energético Nacional en materia de transporte y distribución de gas natural hasta el 31 de diciembre de 2027, por medio del Decreto 49/2026. La realidad es que el sistema tarifario necesita una corrección. En una entrevista con Diego Genoud para elDiarioAR, Nicolás Arceo, ex vicepresidente de Administración y Finanzas de YPF durante el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, aseguró que las tarifas de los servicios públicos se encontraban retrasadas. Arceo explicó que cuando las tarifas no aumentan, lo que está implícito son los subsidios. “La gente cree que lo que no paga de tarifa no lo paga nadie y en realidad sí, lo paga el Estado y lo paga el Estado con recaudación y, en definitiva, con lo que pagamos y aportamos todos”, ratificó el director de la consultora Economía y Energía.
Admito estar de acuerdo con Arceo. Pero, al mejor estilo Carrie Bradshaw, no puedo evitar preguntarme: si los aumentos de gastos fijos van más rápido que el crecimiento de los salarios, ¿es posible alcanzar nuestro primer millón al canto de los Bacilos? Difícil a menos que decidas ser Amish o probar una dieta con alto déficit calórico que te ahorre usar Ozempic.
En este escenario, la sensación de que el salario vale cada vez menos es una realidad. En una nota de La Nación, Francisco Jueguen lo confirma. Para ilustrar esto, el editor y periodista explica que en el 2024 la plata que quedaba disponible después de pagar los gastos fijos se redujo en un 25% con respecto al 2023. Esta pérdida de poder adquisitivo fue, como era de esperar, regresiva. Según datos de las consultoras Ecolatina y Empiria, para los hogares con mayores ingresos, el año pasado cerró con una baja del 8,9%, mientras que para las familias de menores ingresos la caída fue del 19%, es decir, más del doble. Con respecto al mercado laboral, Analytica encontró que, en el acumulado del año pasado, los trabajadores registrados del sector privado perdieron 6,1% de su ingreso laboral, mientras que los públicos, un 20,4%.
Esta disparidad se ve con mayor claridad si ponemos el foco en los precios relativos. De acuerdo a informes del Observatorio de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), el año pasado la canasta básica representó el 11,9% del sueldo promedio registrado. Estas cifras por sí solas no nos dicen nada. Pero si las comparamos con las del 2023, podemos ver que la CBT ocupaba el 6% del sueldo promedio.
¿Eso significa que con Alberto Fernández, tragedia indiscutible, la cosa estaba mejor? No exactamente. Lo que ocurría es que, tal como indicó Federico González Rouco a Chequeado, el sueldo rendía más debido a la política subsidiaria que abarataba los gastos fijos. En la misma nota, Rouco sostuvo que las intervenciones en los gastos fijos por parte de todos los gobiernos es tal que “distorsiona cualquier capacidad de medir ingresos”.

El caso de los empleados informales es particular. De acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el sueldo promedio de los trabajadores en negro a fines del 2025 fue de $500.000. Según el Índice de Salarios del INDEC, esto significó un crecimiento del 84% interanual, superando en casi un 50% a la inflación. No obstante, el nivel de 2025 es equivalente al del año de la pandemia. En un documento publicado por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino, se explica esta aparente anomalía. “Parece contraintuitivo que en el peor año de la humanidad en el Siglo XXI los informales en Argentina hayan tenido un salario real igual al 2025 luego de semejante recuperación del salario real el mismo año. La explicación está en la aceleración inflacionaria”, afirma Jorge Colina, especialista en economía laboral. En el 2020, la tasa de inflación promedio anual fue del 42%, la misma que en el 2025. Por otro lado, en el 2022 la tasa de inflación promedio mensual escaló al 72%, en el 2023, al 134% y en el 2024, al 220%. “Cuando la inflación se acelera, el salario de los informales es el que más sufre porque la informalidad es un mercado sin reglas”, agregó Colina. “Es imposible que un trabajador informal pueda subir su remuneración previendo la inflación futura, aunque tenga la bola de cristal. Porque la realidad lo lleva a cobrar indefectiblemente lo que indica la inflación pasada. Por eso, cuando la inflación se desaceleró en el 2025, el salario informal es el que más se recuperó; porque fue el que más perdió con la aceleración inflacionaria”, aclaró el economista.
La señal que ilustra la realidad salarial actual es la forma en que cambió el consumo. En un artículo de Ámbito Financiero, detallan que la mayoría de las familias dejaron de hacer las compras en las cadenas grandes de supermercado y migraron hacia comercios de cercanía “para administrar con más precisión un presupuesto cada vez más ajustado”. Damián Graziano, el director comercial de Nielsen para Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay, alertó que la mejora interanual del consumo masivo es apenas del 1%, siendo los supermercados los más afectados con una caída del 5% interanual durante el último bimestre.
Al igual que en los salarios, el impacto de la dinámica del consumo es heterogénea. De acuerdo a investigaciones llevadas a cabo por la Universidad de Palermo, el consumo total privado progresó en un 0,7% mensual en marzo, pero bajó en un 2,6% interanual y acumuló una baja de 2,2% en el primer trimestre en comparación al mismo período de 2025. Por otra parte, el índice de consumo de la Cámara Argentina de Comercio retrocedió 0,5% mensual y 1,3% interanual. “Mientras algunos bienes durables y rubros vinculados a autos, motos, turismo o inmuebles mostraron mejores registros, el consumo cotidiano permanece débil”, detallan en la nota.
Y si hablamos de consumo, no podemos dejar afuera a la gran vedette: la carne. En un reciente informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), concluyen que se come 5 kilos menos de carne por persona por año. Además de la inflación, el estancamiento de los salarios y el efecto “Medio Oriente”—en el actual contexto de guerra, el primer costo que aumenta es el de los fletes por el aumento en los combustibles debido al bloqueo del estrecho de Ormuz—, otro factor que afecta el consumo de la carne vacuna son los impuestos. “Tanto en el pan como la leche y en la carne, $1 de cada $4 que pagamos, son impuestos”, revela María Luz Silvetti, economista de FADA. “En otras palabras, cada 4 bollitos de pan, nos comemos uno de impuestos y nos tomamos un vaso de leche por cada sachet”, agrega. ¿Cuáles son esos impuestos? El IVA a nivel nacional, ingresos brutos en lo provincial y las tasas a industrias y comercios a nivel municipal. Del total de los impuestos que se pagan en estos bienes, más del 70% corresponden a nivel nacional.
Ante este panorama, la posibilidad de ahorrar suena más a una utopía. ¿Resignación o innovación?

La tentación y el riesgo de ser tu propio jefe
El avance de la tecnología y el foco en el cuidado personal engendraron nuevas formas de empleo. Después de la pandemia, este quiebre se intensificó y trabajar de forma remota se hizo la norma. Esta nueva dinámica creó un nuevo equilibrio entre la esfera personal y laboral. En algunos casos, favoreció la calidad de vida y por lo tanto, la productividad de muchos empleados. En otros, esta modalidad sirvió como offshore de ambientes tóxicos y abusivos de trabajo. Más allá de los obvios riesgos que implica hacer una presentación a las dos de la madrugada o tener que endeudarse para comprar una computadora o custodiar barrios picantes por un salario paupérrimo, está el peligro de escapar por la madriguera del conejo.
Durante unas vacaciones, a Noel le picó el bichito de OnlyFans. En cuanto vio lo rápido y fácil que era ganar plata, dejó su trabajo de oficina y se dedicó por completo a su nuevo emprendimiento. “¡Qué nos vamos a estar haciendo las sumisas! ¡Estamos en el siglo XXI, abramos la cabeza!», exclamó Noel Master —su alter ego en las redes ya que prefiere mantener el anonimato— en una nota a Clarín. En el mismo artículo, se presenta a Nicole Verón, una ex policía de la Ciudad que también descubrió las ganancias de ser su propia jefa durante un receso laboral. Pero a diferencia de Noel, Nicole no estaba de vacaciones: estaba de licencia por un tema de violencia de género. Y lejos de encontrar contención, se vio envuelta en una situación límite donde, por no ir a trabajar (debido a la naturaleza de la licencia), le pagaban la mitad del sueldo.
La asociación española Stop Violencia de Género Digital sostiene que uno de los factores más problemáticos de esta plataforma es la normalización de la hipersexualización como medio para ganar dinero. “Muchas mujeres, especialmente jóvenes, son atraídas por la promesa de ganancias rápidas, sin ser plenamente conscientes de los riesgos asociados. La presión social y la aparente facilidad para monetizar el contenido erótico pueden llevar a decisiones que, en muchos casos, generan vulnerabilidad y exposición a la violencia digital”, detalla el documento. Asimismo, la simbiosis entre la vida privada y el ámbito comercial es el caldo de cultivo para depredadores que, gracias al anonimato, actúan con completa inmunidad.
La contrapartida de Only Fans para los introvertidos son las plataformas de inversión online. Y qué mejor que empezar desde jóven, ¿no? Los límites son amor, dicen los expertos. Pero para la Comisión Nacional de Valores son solo barreras para el crecimiento profesional. Y así fue como, a fines del 2024, a través de una resolución general la Comisión Nacional de Valores habilitó a mayores de 13 años a ser inversionistas. ¡Programón!
En una nota a Página 12, la psicóloga Griselda Enrico sugirió que la medida ubica a los adolescentes como un objeto de consumo más al ser consumidos por el propio sistema que los convoca bajo la complicidad de adultos supuestamente responsables. “Hablamos de adolescencia y pubertad, tiempo que implica un pasaje, encuentros y desencuentros […] en esa búsqueda de nuevos ropajes que exige esta metamorfosis, se transitan vacíos y soledades que constituyen una zona de riesgo y pueden abrirse puertas al abismo, un engaño a la vuelta de un clic”, advierte Enrico.

Asimismo, se habla del efecto adictivo de la timba financiera. “Hay una maquinaria de mercado tecnológica publicitaria que genera adicciones y esto se traduce en personas enfermas que llegan a los consultorios de salud mental. Si la tecnología avanza muy rápido, las regulaciones lo hacen en un segundo plano y las repercusiones en la salud mental llegan con un delay mucho mayor; por eso en los últimos años estamos comprendiendo la gravedad del impacto de las redes sociales en la salud mental. Recién ahora empieza a quedar claro que nos están enfermando de manera global”, aseveró el médico psiquiatra Federico Pavlovsky.
A las secuelas psíquicas se le suman las económicas. Después de todo, si hasta Warren Buffet comete errores de vez en cuando, ¿por qué no lo haría cualquiera de nosotros? En una nota de la BBC, Kevin Peachey habla de cómo los sitios usan recursos publicitarios para atraer a jóvenes inexpertos al mundo de las inversiones online y lo que es peor, para que realicen operaciones de alto riesgo que obviamente no son las recomendadas para sus bolsillos. Otro peligro es el de las estafas. En una entrevista a Chequeado, Julián Castelucci, profesor de Finanzas Corporativas Avanzadas en la UCA, explicó que muchas personas transfieren su dinero a traders que trabajan sin ningún tipo de control de los organismos del Estado. “Para invertir legalmente en los mercados en Argentina se tiene que utilizar un bróker registrado en la Comisión Nacional de Valores”, explicó Ignacio Carballo, director del Centro de Finanzas Alternativas de la Universidad Católica Argentina (UCA), que además agregó que el bróker tiene que cumplir con las regulaciones locales y garantizar al inversor el acceso a los mercados de una manera transparente. En esta misma línea, Castellucci alertó sobre el costado no luminoso de las criptomonedas. “Cuando invertimos en criptomonedas no hay ningún tipo de regulación por parte del Estado y las inversiones son con dinero no declarado”, aseguró.
¿Qué resto nos queda?
“El apoyo a los ajustes puede ser bastante duradero si, por un lado, el ajuste inicial consigue sacar a la sociedad y a la economía de una situación percibida como una crisis aguda. Si eso pasa, entonces la percepción extendida de la mayoría de los actores económicos y de los votantes inclusive es que el gobierno los sacó de un infierno. Entonces, si hay que pagar costos para seguir no estando en el infierno, los vamos a pagar. El problema del apoyo del ajuste viene cuando se pasa de la estabilización a las reformas estructurales que permitan que la crisis quede atrás, que se consoliden nuevas formas de organización económicas. Mientras esto sucede, la sociedad se pregunta: si el infierno ya quedó atrás, ¿por qué debemos seguir pagando los costos? Ahí es donde empiezan a crujir los programas”.
Este fragmento —que corresponde a una entrevista de Radio Seúl a Alejandro Bonvecchi, sociólogo y profesor en la Di Tella— ilustra de manera clara la disyuntiva en la que se encuentra gran parte de la sociedad. El trato era claro: ajustar para estar mejor. La letra chica era que el gobierno no sabía cuándo íbamos a llegar al paraíso. Y pareciera seguir sin saberlo. Para agregar más leña al fuego, Manuel Adorni se une al elenco de contraventores (por usar un eufemismo) que, lejos de abandonar su puesto en un acto honroso, prefiere aferrarse a esa silla que le dio el cobijo que siempre anheló. Abajo, el público mira en silencio porque teme que algo distinto sea peor. La función continúa, pero se levantan para volver a su casa. Ya es tarde y mañana tienen que madrugar para ir a trabajar y no ahorrar. O ni siquiera llegar a fin de mes.
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Miranda Scian es Licenciada en Ciencia Política de la Universidad Torcuato Di Tella donde también dictó clases. Escribe para Noticias Urbanas y acaba de lanzar el newsletter No Hay Con Quien Hablar, junto al escritor argentino Martín Kunik.







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