¿Qué vínculo hay entre el buen rendimiento deportivo y la abstinencia sexual? ¿Tiene sentido prohibir el sexo antes de un partido de fútbol o es solo otro modo de controlar los cuerpos de los deportistas bajo el disfraz de la concentración? Desde luego, no son los jugadores los que ofrecen las respuestas más reveladoras a estas preguntas sino de los médicos que integran los cuerpos técnicos de cada selección.

Vayaina Mag se anima a trenzar las posturas de dos figuras especialistas que representan aproximaciones muy diferentes respecto del sexo en el fútbol: por un lado, el nombre de Carlos Salvador Bilardo, ginecólogo y director técnico de la Argentina campeona del mundo en el mítico México ‘86; por el otro, la irrupción de la holandesa Suzanne Huurman, ex Real Madrid y actual médica de Curazao, la única mujer médica en el Mundial 2026 disputado en la tierra del Estadio Azteca, Estados Unidos y Canadá.
La leyenda del semen invencible
La creencia de que la performance sexual previa puede perjudicar el desempeño deportivo es muy antigua y se funda en la idea de que, en abstinencia, el hombre reserva mayor energía; energía que se podría encauzar y traducir en ganancias competitivas. Los atletas olímpicos de la Roma y Grecia antigua creían que la retención de semen aumentaba su fuerza, su virilidad, y fortalecía su capacidad no solo física sino también mental. Esta interpretación, tal vez la más habitual en el universo deportivo hasta el momento, parece señalar que para un deportista de alto rendimiento eyacular es, entre otras cosas, perder.
Sin embargo, los estudios científicos actuales son bastante concluyentes. En dirección contraria al mito, señalan que tener sexo no arruina el rendimiento deportivo. Un artículo publicado en la revista Frontiers in Physiology señaló que mientras “la evidencia sugiere que la actividad sexual el día anterior a la competición no posee efectos negativos en la performance” también “hay posibles efectos negativos de comportamientos recurrentes como el cigarrillo y el abuso de alcohol. Todavía no hay investigaciones sobre el efecto de la masturbación en este contexto”. Otra investigación publicada en Annals of Applied Sport Science fue aún más específica: tener sexo al menos 10 a 12 horas antes de un evento deportivo no tiene impacto negativo. Ni en el plano psicológico ni en el físico. Recordemos que un acto sexual quema apenas entre 85 y 100 calorías, lo que equivale a subir una escalera común.

Algunas investigaciones sugieren que, tanto en hombres como en mujeres, el sexo puede subir los niveles de testosterona, lo cual podría considerarse o traducirse en una ventaja atlética. Otras investigaciones destacan una velocidad promedio apenas menor en jugadores que mantuvieron relaciones sexuales la noche anterior a la medición.
Es el mismo campo científico quien, al día de hoy, admite sus propias limitaciones y prefiere no prohibir taxativamente nada. Entonces, ¿por qué el mito permanece?
Bilardo: el sexo administrado por la mujer
El Doctor Bilardo era uno de los mayores administradores del mito. Regenteaba, o así lo quería creer o se lo hacían creer, la vida sexual de sus jugadores con total convicción y con cierto descaro, sobre todo para una época donde la ESI de los argentinos llegaba a través de la pantalla, mediante los programas de humor de Alberto Olmedo y las películas de Sofovich.

Con el título de ginecólogo en su haber, se tomaba muy en serio la sexualidad de sus jugadores. No era un castrador acérrimo ni prohibía el sexo durante las concentraciones, pero sí bajaba línea de cuándo y cómo administrar los placeres, digamos que, conyugales. Bilardo sostenía que, si había sexo antes de un partido, la mujer debía estar arriba y el hombre recostado sobre su espalda. La conducción de la mujer en la cama garantizaba que el desgaste físico lo absorbiera ella y el jugador llegara al encuentro descansado y “con piernas”.
Para Carlos Salvador estos no eran consejos ni tips. Bilardo indicaba esa posición sexual con una convicción científica que nadie pensaba discutirle. Era una idea que cerraba para sí mismo, para sus jugadores y, sí, para las mujeres, a quienes veía, en el fondo, como un cuerpo disponible al servicio del rendimiento masculino de la selección argentina. Se puede considerar, en ese sentido, a las novias, esposas, amantes y compañeras sexuales de los jugares como parte extendida y soterrada de la máquina de fútbol campeona de 1986. ¿La Claudia? La Claudia capitana.

Huurman: los jugadores necesitan estar como en casa
Hoy, cuatro décadas después, la isla de Curazao debuta en una Copa del Mundo y hace algo que ningún otro equipo se animaría: permite que los jugadores duerman con sus parejas durante la concentración. La federación apoyó la iniciativa y se hizo cargo de los gastos extras para que esto ocurriera. En lo que va del torneo, los jugadores de Curazao parecen darle la razón a este gran cambio. Tanto, que festejaron el empate ante Ecuador como una victoria junto a la Reina Máxima en los vestuarios.
La decisión, disruptiva para algunos, la impulsó el entrenador neerlandés Dick Advocaat, pero quien la explicó públicamente fue Suzanne Huurman, del área médica del equipo. Y el fundamento para romper con los usos y costumbres del fútbol no tiene que ver con las posiciones sexuales de los atletas, ni siquiera con el sexo en sí mismo.

Huurman dijo centrarse en el bienestar emocional. Sostuvo que obligar a los jugadores a alejarse de sus seres queridos durante semanas en un torneo tan exigente genera estrés, nostalgia, ansiedad, factores que sí afectan el rendimiento deportivo. La médica pondera tanto el estado emocional de los futbolistas como su estado físico. Alegando que no se puede tratar una dimensión sin considerar la otra.
¿Y entonces? ¿Sexo sí o sexo no?
Es posible que Bilardo y Huurman no tengan nada que ver el uno con el otro, pero los reúne una misma disciplina y una preocupación en común: que un jugador de fútbol pueda ser su mejor versión en partidos de tanta presión e injerencia. Pero ambos conciben el cuerpo, el deseo, las relaciones y el rol de las parejas de manera muy distinta.
Bilardo se mostraba como un hombre extremadamente sumido a las cábalas y a los ritos de repetición. Para él, es lógico que el sexo constituyera una variable más a controlar, y en ese control, el cuerpo de la mujer se volvía funcional al rendimiento del jugador –cuando no un efecto distractor o desgastante, pero ese es otro tema. Para la buena de Huurman, el rendimiento deportivo no se ata a las satisfacciones o insatisfacciones meramente sexuales sino a la conservación de la intimidad. Y en esa emulación del hogar del deportista lejos de casa no hay jerarquías ni instrucciones. Tampoco escrutinio ni hábitos de control. Solo una perspectiva más humana.
A diferencia del mito grecoromano, el sexo, bien dormido y bien hidratado, puede ser justo lo que un jugador necesite antes de salir a la cancha.
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