Katja Alemann no necesita presentación. Es actriz, performer, cantante, escritora, una artista interdisciplinaria. Los sábados de junio presenta un unipersonal llamado “Shambhala”, en Poncho Teatro, Leopoldo Marechal 1219, en Villa Crespo, Ciudad de Buenos Aires.

Escribís mucho en las redes sociales sobre política, razón por la que me interesaba charlar con vos. ¿Qué creés que es lo más importante que está pasando en este momento social y político de la Argentina? ¿Qué es lo que más te conmueve, te preocupa? 

El derrumbe. La demolición de todo lo anterior, sea eso bueno o malo. O sea, de las instituciones, de todo donde creíamos que había algún tipo de asidero de algo. De la justicia y de la justicia internacional inclusive, ¿no? Los tribunales extranjeros, el mundo. Nosotros, por supuesto, somos pioneros, y siempre salimos adelante con el experimento socioambiental del capitalismo occidental, como digo en mi espectáculo. Somos realmente un territorio de experimentación en este derrumbe y este nuevo formato que se quiere imponer en el mundo, que viene a ser como una especie de monarquía tecnofeudal, ¿no? Porque cambió el tablero. Ahora se juega de otra manera, hay que pensar de otra manera, hay que tener otro tipo de estrategia. Hay que tener muy claro el diagnóstico de qué pasa con el enemigo, cómo combatirlo, cómo pelear esta batalla.

Creo que la oposición —el peronismo pero no solamente el peronismo, sino toda la oposición— está tan perpleja que no sabe cómo articular. Entonces dicen “bueno, vamos a dar quórum porque, como ganó las elecciones, vamos a dejarlo gobernar y que destruya todo, que haga esta demolición del Estado”. A mí me impresiona mucho que la gente no entienda que el Estado es nuestro patrimonio. Es la educación pública, la salud pública, la ciencia, la tecnología, inclusive la cultura. Yo no digo que no haya que sanear al “Estado cómplice y bobo”, como decía Carlitos Del Frade. Sí creo que hacía falta revisar la eficiencia del Estado pero pensado como un bien común que todos necesitamos.

Hablás mucho del poder tecnocrático, del capitalismo de vigilancia, sobre todo escribís en Facebook. Esta semana conocimos la primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, que exhorta a desarmar la inteligencia artificial para volver a regular su uso, y romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar. ¿Qué quiere decir este mensaje para vos?

A mí me parece que hay voces que todavía pretenden mantener un orden donde lo humano es prioritario. Lo que me doy cuenta es que yo, con el tiempo, me hice cada vez más conservadora. 

¿Por qué? 

Antes era disruptiva, renegaba de tal institución, de tal autoridad. Ahora estoy recontra conservadora. Yo coincido con el Papa, con esta encíclica, en la que el ser humano tiene que estar por arriba de cualquier otro interés. El bienestar, el bien común, todo lo que nosotros deseamos colectivamente para la felicidad de todos, que es lo que digo también en Shambhala.

Shambhala justamente trata sobre eso, sobre la revolución de la felicidad. Nuestro primer objetivo colectivo debe ser la felicidad de todos nosotros, ¿no? La felicidad individual ya es otra cosa, podemos hacer un libro de autoayuda y qué sé yo qué. Pero digo, en términos colectivos, es muy importante pensar en la felicidad y en el bien común. Yo no soy cristiana pero me parece bien que el Vaticano, el Papa, la iglesia católica y el cristianismo en general, pongan este norte. Porque es un punto de inflexión a estos dementes. Esta gente está completamente el tomate. 

La iglesia ve un peligro, una disputa estratégica, en estos tecnomagnates, ¿no? 

Claro, porque son teo-megalómanos. Encima ellos creen que pueden decidir sobre el destino de la humanidad. Imaginate, nadie los votó. Y de golpe aparecen y empiezan a tomar decisiones en términos de que “ay, bueno, ya la democracia no sirve, yo me voy a poner acá y vamos a hacer todo una red de inteligencia, vamos a intervenir, a cambiarle la cabeza a la gente, a instaurar la dictadura del algoritmo”. Es muy caprichoso y muy arbitrario y uno se siente francamente desamparado. ¿Adónde voy a decir qué? Porque la justicia también está comprada por esta gente o por los que fuere que tienen intereses colindantes, por decirlo de alguna manera. 

Vos hablás de un Plan Condor 3.0. y mencionás mucho a Peter Thiel, que está instalado en nuestro país con la agenda de los tecno-oligarcas. ¿Por qué pensás que Javier Milei resulta útil para alguien como Thiel?

Peter Thiel puede hacer acá lo que se le ocurre porque le cambian las leyes. O sea, sacaron la ley de tierras y de los glaciares ni hablemos, a pesar de las muchísimas personas que quisimos participar de la audiencia para que esto no suceda. Quiero decir, hacen cualquier cosa. Eso coincide absolutamente con lo que pregona el hombre este, que justamente dice que el Estado impide la libertad. La libertad del mercado, claro, porque no es la libertad individual la que impide. Así que para él es un territorio fértil y perfecto. 

Además, por supuesto, creo que también viene a operar para las próximas elecciones y también las de Brasil. Calculo que debe ser parte de su estrategia, aparte de todos los negocios que debe tener acá, donde es un Viva la Pepa, porque acá estamos regalando el país. Qué despropósito tan enorme.

Foto: DIEGO SPIVACOW / AFV

Vos viviste los 90s. ¿Hay similitudes con eso que se vivió? ¿O es muy distinto?

Fue la fiesta de la privatización también. Menem nos regaló, hizo lo mismo en algún sentido ¿no? Y todavía estamos pagando las consecuencias. El 3% de las mineras, que no es nada, lo decretó Menem, además de montones de otras cosas. Yo creo que Menem fue políticamente más astuto que este, porque sabía cómo manejar un poco la política interna de este país. Este es un país que está muy dominado por las mafias en todo en todos los ámbitos. Es muy difícil gobernar si no tenés ese know how.

Sabía pactar con las mafias…

Claro, pactar o transar. Creo que este es un país muy difícil de gobernar, en ese sentido. Y él, de alguna forma, repartió. Porque acordate que era el tiempo del “Dame 2” de Miami, adonde íbamos todos, estábamos todos ganando fortunas en dólares. Había como más repartija de todo lo que se vendió por lo menos, ¿no? Quiero decir, fuimos todos cómplices con esas privatizaciones. En este momento no, porque nos pasa por al lado, estamos todos empobrecidos, como decías vos recién: la gente tiene que endeudarse para comer. Eso no pasó nunca en la Argentina. Ahí hay una enorme diferencia.

Igual a mí me parece que esta cosa de la pizza y el champán que le encantaba a Menem también tapaba un poco la entrada a la globalización. Porque en los 90s el mundo empezó a organizarse de esa manera. Menem hizo un desastre y todavía lo estamos padeciendo.

Decías: “tenemos que estar muy informados para mantener nuestra libertad, nuestra identidad, juntarnos y comulgar en cuestiones sencillas, ser fuertes y valientes para dominar nuestra mente, salir de la soledad de la pantalla, tener la experiencia de la re-unión como hacían los griegos”. ¿Cómo se hace eso en este contexto?

En parte lo propongo en Shambhala, que es una celebración, un juntarse a pensar. Porque la batalla, hoy en día, es en la conciencia. Y tenemos que estar muy avispados, porque todos caemos en la trampa de la Matrix. Es muy difícil tener el panóptico, discernir si eso es Matrix o no es Matrix de tu propio pensamiento. Ya estamos todos metidos dentro de ese sistema manipulado. Entonces, uno tiene que tener un pensamiento crítico altísimo, muy afilado y hacer eso, en soledad, se complica.

Es muy importante el intercambio. A mí por eso también me gusta escribir en las redes. En Facebook, tengo como una suerte de foro, entonces la gente comenta mucho y me hacen sus buenos posteos, largos, en los que explican todo lo que piensan y es muy interesante, porque te interpelan. Uno va pensando y pensando y pensando en relación a lo que piensan los demás, porque uno no puede pensar solo.

En Shambhala actúo yo, es un espectáculo, no es que la gente se va a poner a hablar, no es una reunión o una asamblea. Pero es un espectáculo simpático, además es divertido con canciones y a la gente le gusta; y tiene que ver con hablar de cosas con las cuales podemos comulgar, abrir la cabeza y reconocer que uno tiene una información y que, con esta información, toma posición. Creo que es muy importante en este momento tomar posición, ¿sabés? Yo antes hablaba de otras cosas, de cualquier cosa, de las tonterías de la vida, en las redes, en cualquier lado. Y ahora tengo un monomambo, estoy todo el día  leyendo e informándome y hablando con gente, gente de diferentes estilos y tendencias que me asesora. Trato de cada vez tener más información y ser más consciente para poder comunicar mejor, de alguna manera, porque siento que también eso es algo que la gente necesita hoy. Yo tengo esta capacidad para escribir, soy buena escribiendo, mejor que hablando. 

Mucha gente no sabe que escribís…

Por suerte tenemos las redes sociales y escribo mucho.

Vos pertenecés a una familia muy heterogénea, con Roberto y Juan Alemann medio hermanos, que fueron funcionarios de la dictadura —algo de lo que varias veces hablaste. ¿Cuándo sentiste vos la necesidad de incursionar en el monólogo político? Porque lo tuyo iba por otro lado, estabas en el arte, en la cultura, en Cemento, en el despertar democrático.

La verdad es que la culpa la tiene este gobierno. Porque yo antes sí tenía un activismo que tenía más que ver con lo ambiental. A partir de lo ambiental, me fui interiorizando de las diferentes discusiones políticas, porque estamos hablando de nuestros bienes naturales, de nuestra riqueza, de nuestros recursos, ¿no? Entonces, esto sigue estando en el tablero y es fundamental todo el tiempo. Pero desde que vino este gobierno, yo y muchísima gente se empezó a interiorizar. ¿Te acordás que en enero del 2024, durante las sesiones extraordinarias del Congreso, estábamos todos prendidos a ver qué cuernos estaba pasando? Nunca había visto las sesiones extraordinarias.

Creo que me fui desasnando cada vez más e interiorizando de todas las problemáticas, con el background que tenía de temas ambientales, pero ahora mucho más específicamente con respecto a lo que pasa en la política en sí misma. Y debo decir que, gracias a este presidente, me hice peronista. 

Algo que no había logrado ningún otro presidente. 

No, no. Gracias a este presidente decidí que hay que tomar partido, antes yo era más sui generis, más como “bueno, prefiero el libre pensamiento, prefiero tener mirada crítica” que, por supuesto, sigo defendiendo. Ahora decidí comenzar a apoyar. Que creo que es la única posibilidad que tenemos los argentinos de salir adelante. ¿Viste que el peronismo siempre tiene esta cosa de que a último momento se organiza? Esperemos que se organice. Porque si no, yo no sé qué va a pasar.

Hoy escuché hablar a este presidente que tenemos, a quien no puedo ni nombrar. Es inteligente, siempre te da letra, entonces todo el mundo termina hablando de él. Que es lo que yo detesto, entonces no hablo de él porque no lo quiero viralizar ni trabajar para él. Pero en este caso escuché algo que me hizo reír, dijo que él el año que viene se presenta para la reelección para competir con él mismo. Es gracioso, ¿no? Tiene un coté muy ocurrente.

Leo del muro de Katja Alemann: “El círculo rojo ya está buscando el candidato que le sostenga este modelo. Les advierto a los empresarios vivillos, que estan usurpando nuestro patrimonio, que cuando cambien los vientos políticos vamos a expropiar lo que compraron a precio vil y vamos a estatizar todo de nuevo, los vamos a meter presos por traidores a la patria”. ¿Es una expresión de deseo, es un camino posible, es una demanda de un sector de la sociedad sin traducción política?

Es una expresión de deseo, obviamente. Creo que el peronismo se tiene que poner las pilas, si realmente logra ganar las elecciones. No puede ser más “el amor y el amor”. No, tiene que ser palo y a la bolsa. Ahora, la próxima, que vayan todos presos, que les expropien todo lo que se compraron a precio vil. Yo quiero eso: que vayan presos. Quiero que realmente paguen las consecuencias de sus delincuenciadas, porque no se puede llamar de otra manera.

Conocés gente que vota a este gobierno, que defiende este tipo de ideas, ¿cómo razonan? ¿Qué piensas las personas con las que hablaste o dejaste de hablar? ¿Cuál es para vos la razón que los lleva a apoyar un gobierno como el de Milei?

El modelo: achicar el estado en favor del libre mercado. Es gente que piensa que eso es mejor.

¿Por su posición privilegiada?

Es gente que siempre tiene recursos. La que defiende su propia posición. Y creen que esta idea del derrame es mejor para el país.

Y en los sectores bajos, los sectores medios, ¿por qué pensás que, por ejemplo, la juventud vio en Milei una alternativa? 

Yo creo que uno de los principales problemas que tuvimos sociales acá fue la pandemia. El encierro quizás fue demasiado extendido, y no poder salir se volvió muy problemático para mucha gente. Y entonces vino el grito de libertad. El grito de libertad ancla en el inconsciente colectivo de ese encierro. Eso por un lado. 

Pero además viste que la mayor parte de los votantes de Milei son varones. Y creo que el feminismo, muy radicalizado, tuvo que ver también. Son varones que son medio incel, que no ligan con las mujeres y entonces hay un resentimiento masculino joven, sobre todo, de hombres que perdieron el código de seducción, de contacto, de intercambio con el género femenino gracias a esta radicalización del feminismo, del Ni Una Menos que, por supuesto, también viene de toda la problemática de los femicidios y de todo lo que ya sabemos. O sea, son cosas de los movimientos que a veces se hacen como extremos y después vuelven y se organizan mejor, ¿no?, pero pasan por radicalizaciones.

Y en el mundo del espectaculo, de la televisión, del teatro, de la cultura, ¿qué ves con respecto al gobierno? ¿Un rechazo, una crítica fuerte, algún sector que lo apoya?

Hay, por supuesto, pero casi nadie. Imaginate que reventó todo, ¿por qué? Porque la cultura es el nido de los que piensan, de los que van a estar en contra de todas las medidas. Somos los primeros que vamos a ponernos críticos con las medidas de este gobierno. 

Todos los artistas que nos encontramos estamos azorados de estar viviendo esto. O sea, no podemos creer la ley de hojarasca ahora. Pero lo peor del caso, y que me impresiona, es que les aprueban todas las leyes en el Congreso.

Sobre todo después de la elección que ganó en medio término.

Aparte no acatan ni siquiera los fallos de la justicia. En discapacidad, por ejemplo. No hay ninguna instancia de control sobre el Poder Ejecutivo. Hacen lo que quieren.

Hay apoyo de los sectores de poder que lo blindan.

Yo estoy impresionadísima con todo lo que pasa y creo que a mucha gente le pasa lo mismo. Hay algunos en la oposición, dentro del peronismo, que son muy claros y precisos a la hora de hablar. Me gusta mucho, por ejemplo, Julia Strada, porque ella te explica todo, va al grano, te deja todo al descubierto. Es gente muy necesaria esa gente en el Congreso. 

Me acuerdo cuando fue el tema de la ley bases. Entonces un grupo de gente del medioambiente y de las actrices dijimos “Bueno, vamos a hablar con los senadores para que no firmen, para que no aprueben la ley bases”. Y fuimos y hablamos con Kueider…

Fue un error.

Kueider decía “No, porque la gobernabilidad…”. Y yo decía “Dios mío, pero no pueden no pueden firmar esta ley”. Es directamente dejar la democracia para pasar a ser una corpocracia. Después resultó otra cosa. Uno va perdiendo respeto en las instituciones.

Leí que tenés un proyecto sobre Cemento, en el que también trabaja Damián Roth con material inédito. ¿Hay algo de lo que veas hoy en la escena cultural que te entusiasme, te inspire, te recuerde algo de ese momento? ¿O pensas que fue único?

Nada que ver lo que pasa ahora, no digo que sea ni mejor ni peor. Hoy en día es totalmente distinto, todo pasa por las redes sociales, por los lugares de encuentro, sí, pero generacionalmente no participo, ¿no? Hay cosas muy buenas, gente que es muy capaz, me gusta mucho Lali, Paco Amoroso y Catriel. Pero me pierdo la mayoría y no estoy en ese tipo de movida. En otra época, Cemento era el lugar de encuentro porque no había otra cosa. 

Katja corta la cinta de inauguración de Cemento. 1985.

Y una parte de la sociedad, vos decías, estaba domesticada, aterrorizada, después de la dictadura… 

Después de la dictadura fue difícil y aparte no había tanta información, ¿no? Ahora todo lo encontrás en internet, tenés la inteligencia artificial que te hace como una especie de radiografía de todo lo que preguntás y te pone todos los archivos juntos. Antes te tenías que ir a una biblioteca y buscar por cincuenta años todo lo que a vos te interesaba saber.

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