Entrevistada por el periodista Diego Genoud en Fuera de Tiempo, su programa radial de los miércoles a las 23 hs en Radio con Vos, Emilia Delfino cuenta detalles de la biografía que acaba de publicar en editorial Planeta: La Generala. Biografía no autorizada de Villarruel, la vicepresidenta que desafía a los Milei. Coordinadora de la Unidad de Investigación de elDiarioAR y miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, Delfino hace un trabajo minucioso y severo sobre uno de los personajes políticos que más interrogantes y resquemores despierta, no solo fuera sino también dentro del gobierno de La Libertad Avanza.

La Generala no es un libro superficial o un instant book. Tiene mucha información y mantiene la tensión del relato hasta el final. Hay documentos, expedientes judiciales, revisión de archivos y la realización de más de sesenta entrevistas. Muchos entrevistados, algunos abiertamente enemistados con Victoria Villarruel, pidieron que no se los nombre; otros tuvieron que pedir permiso para hablar. ¿Por qué decís que despierta miedo en sus adversarios?

Porque es una persona muy intransigente, tiene mucho carácter. Le temen, sobre todo por su elocuencia. Es demoledora con sus palabras y es muy difícil enfrentarse públicamente a ella. Quedó demostrado, por ejemplo, frente a Agustín Rossi en el debate de los vicepresidentes en 2023. Quedó demostrado frente a dos popes de las guerrillas de los 70s, como Roberto Perdía y Luis Mattini, del ERP y Montoneros. Es una enemiga de temer cuando se enfrenta en público, que es cuando saca sus mejores armas. Hay quienes la definen como una francotiradora con las palabras y con su forma de ser. No una persona de grupo, de liderar, sino una solitaria que va sola para adelante. Muchos la definen como una tormenta cuando se enoja. Como una persona difícil de convencer y con la que es difícil llegar a un acuerdo. Como una persona que, cuando baja la persiana, no la sube más. Había mucho temor a la represalia, a una respuesta en X o Instagram, o incluso a que les llegara una demanda judicial, por ejemplo. 

Hoy la vice está en un enfrentamiento que parece sin retorno con el presidente, con su hermana. Al respecto, hay dos visiones que aparecen en el libro sobre el futuro de Villarruel. Claudia Rucci, asesora importante en el Senado, toma cierta distancia porque ve que Villarruel, por estas características y por el contexto, no tiene demasiado futuro político. Mario Russo, un asesor que en su momento trabajó con Milei y ahora trabaja con Villarruel, dice todo lo contrario. Afirma que Milei tiene un techo y va a caer por su propio peso, al tiempo que se adjudica haber creado un monstruo con una bomba adentro: Villarruel. ¿Se prepara Villarruel para desafiar a Milei en 2027? 

Para Villarruel el poder es un juego. En el libro, surge la pregunta de si se está tomando en serio ese rol y ese futuro que quiere construir. Hay ambición política, de llegar y competir en 2027, pero hay que hacer mucho esfuerzo para eso. ¿Está dispuesta a hacerlo? Lo tiene que decidir. Y eso es lo que Claudia Rucci no veía, la capacidad de rendir y darlo todo para poder llegar. Que es la capacidad del animal político, de los políticos tradicionales que estamos acostumbrados a ver, los que dieron y sacrificaron todo en su vida para poder llegar. Por otro lado, Russo dice que hay algo pero que no hay que adelantarse sino esperar. Algunos, muy cerca de Russo, dicen que el gobierno de Javier Milei podría no llegar a su fin, que no haría falta ni siquiera esperar a 2027.

Entonces hay un ambiente un poco conspirativo alrededor de Villarruel actualmente, pero lo llamativo de las últimas semanas, después de que el libro estuviera terminado, es que ella la trae a Rucci de vuelta al equipo. Vuelve con estas ideas de construir políticamente y desde el peronismo. Y se suma Russo al mismo tiempo. Dos peronistas de derecha quieren lo mismo para Villarruel: que crezca políticamente, que construya en el territorio, que vaya más a la política tradicional, que hable con la gente, que camine los barrios, que haga alianzas con intendentes y gobernadores. Y que no se vuelque tanto a las redes sociales, que es lo que a Villarruel más la atrae, donde se siente cómoda.

Hay una frase en el libro que se le adjudica a Villarruel: “Hace 20 años que me preparo para esto”. Si uno se remonta al comienzo de su carrera política, aparecen dos influencias muy importantes. Una, la de Vicente Massot, director de La Nueva Provincia, periodista acusado, imputado y luego sobreseído por delitos de lesa humanidad. La otra, la de José Alfredo Martínez de Hoz (hijo), un abogado también muy importante. Ambos, en 2006, buscaban a una mujer que pudiera reemplazar a Cecilia Pando, a Karina Mujica y otras que habían sido voceras de los represores condenados por delitos de lesa humanidad. Vos hablás de los vínculos políticos pero también de los económicos de Villarruel. ¿Podés contar un poco más de los que descubrieron a la vicepresidenta?

Hay una contradicción en Villarruel que tiene que ver con si lo reconoce o no. Ella suele sostener que ella se hizo sola, que no le debe nada a nadie, y que llegó haciendo su camino sola. Nadie le abrió puertas. Sí la financiaron, sí la ayudaron un poquito. Pero los que están del otro lado, los que se atribuyen haber sido sus mentores y financiadores, son los que la eligieron para llevar adelante una batalla cuyo objetivo era dar vuelta el discurso de la derecha de ese momento. Dejar de defender a los militares acusados de delitos de lesa humanidad para empezar a centrarse en lo mismo que hacían los organismos de derechos humanos, de la izquierda según ellos. Lo que significaba concentrarse en las víctimas civiles, en las personas que habían sido víctimas de una bomba, de un secuestro, por parte de las organizaciones armadas de los 70. Es muy difícil de rebatir y contradecir, por ejemplo, a una persona que defiende a un niño de 3 años que murió, alcanzado por una bala perdida, en un enfrentamiento entre Montoneros y la Policía. ¿Cómo no sentir empatía con la familia que perdió a ese niño? A Villarruel la eligen para dar vuelta el discurso. ¿Por qué? Porque consideraban que a los militares no los iban a sacar más de la cárcel, que la ola que inició el kirchnerismo no la iba a parar nadie, que la justicia no iba a frenar. Lo intentaron, no pudieron, y entonces fueron por otro lado. Copiaron el discurso, lo apropiaron y pusieron una cara fresca.

Víctimas contra víctimas.

Exactamente. Y esa cara fresca era Villarruel. Una Villarruel muy joven, recibida de abogada, que ya tenía relación con víctimas de organizaciones armadas. Los había entrevistado para la radio de Patti, hacía unos facsímiles o una especie de newsletter con los aniversarios. Ella ya tenía interés en eso, venía estudiándolos. No es que la pusieron ahí de la nada. Pero a través de Cecilia Pando y de su esposo, Pedro Mercado, se conectan estos dos mundos: el poder económico, la derecha del jet set económico, como abogados poderosos de este país…

Foto: Alejandra López

Ahí aparecen nombres como Fargosi, Eugenio Carlos José Aramburu, Horario García Belsunce, Fonruge.

Sí, y del otro lado, una chica nueva que venía a ocupar el lugar de los dinosaurios que ya están totalmente deslegitimados. Hay un cambio en la propia Villarruel, una transformación. Pando dice que Villarruel le presentó, por ejemplo, a Alfredo Astíz o Alberto «El Gato» González, represor de la ESMA, del grupo del Tigre Acosta. Pero Villarruel pasa de organizar visitas para estudiantes secundarios a Videla, por ejemplo, a soltarle la mano a los represores, los jerarcas de la dictadura, los genocidas.

Hay algo que ella ha dicho en círculos íntimos sobre Videla que a mí me llamó mucho la atención, y que he podido reconstruir de primera mano. Y es que, cuando ella lo conoció, le pareció una persona muy naif, muy inocente. Estamos hablando de que a Villarruel Videla le parecía naif, inocente. Siendo abogada, ella sostenía que los delitos de lesa humanidad y el terrorismo de estado no existen. Yendo más hacia lo legal, insistía con que si los delitos de lesa humanidad no existieran, entonces los militares no tendrían que estar presos. Ni tampoco se podría juzgar ningún delito o supuesto delito de lesa humanidad. Ella escribe incluso un artículo sobre el asunto en 2006, en el que habla de que fue una guerra, de que se tiene que aplicar el derecho de guerra, etc, y que los militares no deberían estar detenidos ni ser juzgados en los años 2000. 

Ahora, para llevar adelante el plan de defender a las víctimas civiles de las organizaciones armadas de los 70, había que cambiar ese discurso. Porque si están prescritos los delitos cometidos por agentes del Estado, más prescritos estarían los delitos de los civiles de las organizaciones como ERP o Montoneros. Pero claro, para poder defender esa causa, ella da un giro de 180 grados y traiciona su propio discurso. Dice o ha dicho que no lo traicionó sino que evolucionó, que lo cambió. Pando dice que ese giro fue express, no por haber estudiado durante años el derecho que la hizo cambiar de parecer. Más bien algo vinculado a la propuesta de hacerse cargo de la ONG que se llama CELTYV. Villarruel adaptó su discurso e hizo que muchos familiares de militares y militares se sintieran traicionados. 

El CELTYV es el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas que tiene como cara principal a Victoria Villarruel. El libro cuenta que, entre quienes colaboraron al inicio de esa organización, está Julio Saguier, hombre fuerte de La Nación, el diario que le abrió un lugar a Villarruel. Más acá en el tiempo, Villarruel y Saguier vienen de coincidir en la objeción del pliego del juez Ariel Lijo que había propuesto Javier Milei. Esto Villarruel lo hizo público, participó incluso en alguna charla en el Colegio de Abogados de la calle Montevideo. ¿Cómo es el vínculo de Villarruel con Saguier? ¿Tiene razones Milei para preocuparse, siendo Saguier un enemigo al que le pegó varias veces?

Cuando acababa de asumir como vice, ella tuvo una reunión en La Nación con los jefes periodísticos en la que se presentó. Nunca se despegó de Milei allí, siempre habló de que ella venía a defender sus ideas y bancar al presidente. En el discurso público ella se muestra así. Siempre intentó ese acercamiento y la verdad es que la ayudaron mucho al principio porque los medios no le abrían la puerta. Y La Nación es el primer medio que lo hace. Ella llevaba personalmente las gacetillas y Saguier pedía personalmente que las publicaran en su diario, para darle una mano al CELTYV. Hay coincidencia de ella con muchos sectores y con muchos de esos hombres que la financiaron, la ayudaron, y que también ven con los mismos ojos las críticas a Milei. Lo que resta saber es hasta dónde ella va a usar esas conexiones, ¿no? Hasta dónde está dispuesta a pedir a ese poder económico con el que tiene lazos hace dos décadas, el que le abrió sus puertas y con el que tiene coincidencias ideológicas. Porque no es una persona que pide. Es una persona muy orgullosa.

Foto: CEDOC

Además de la reconstrucción de la historia familiar de la vicepresidenta, aparece la figura del represor que mencionamos antes, Alberto “El Gato” González, del sector de inteligencia de la patota de Jorge Eduardo “El Tigre” Acosta en la ESMA, condenado además por delitos sexuales cometidos sobre Silvia Labayrú, la protagonista de La Llamada de Leila Guerriero. Está señalado como coautor de algunos de los libros de Villarruel, aunque también como mentor, iniciador, educador de ella en política. ¿Qué influencia tuvo González en ella? 

Muchos usan esa palabra, la de mentor. Como alguien que la guió, la instruyó y la ayudó a formarse, incluso desde la oratoria, según dicen. La ayudó a fortalecer esa capacidad que ella tiene, que realmente es una habilidad. Y sí participó en su primer libro, Los llaman jóvenes idealistas. Es un libro muy grande, pensado como un manual de escuela, donde te cuentan el ABC de las organizaciones armadas de los 70. No solo Montoneros y ERP, hasta la más chica entra en detalle. Hay cuadros sinópticos de cómo estaba conformada la dirección de cada organización, quiénes eran los responsables, cómo tomaban las decisiones, qué influencias ideológicas e históricas tenían; si era Rusia, si era Cuba. Es un manual pensado para instruir, con un concepto muy militar, para todo el mundo, desde pequeños hasta adultos. Es muy llamativo el libro, tiene mucha fotografía, tiene mucho color. El fuerte, además de contar episodios de bombas, atentados, secuestros protagonizados por las organizaciones armadas, es la estética y las formas en que te cuentan lo que cuentan. Está al alcance de cualquiera, para que cualquiera lo pueda comprender y aprender de eso que ella quiere enseñar. Bueno, ese fue «El Gato» González, el que dice cómo hay que hacerlo. Él también es coautor de un libro sobre su visión de las causas judiciales de lesa humanidad, sobre todo de la ESMA que es por la que está condenado dos veces. Y varias personas que lo conocen me han dicho que les parece una de las personas más inteligentes del mundo militar-lesa humanidad, de los que están detenidos y que formaron parte de las patotas.  

Desde un doble perfil, porque decíamos que está condenado por delitos sexuales, violaciones.

Aberrantes, sí, que rescato del libro La llamada, de Leila Guerriero. Rescato todos esos testimonios de Labayrú y otras personas porque describe hechos aberrantes que protagonizó este hombre.

En 2008, Villarruel fue becada por el gobierno de Estados Unidos para formarse sobre terrorismo y contrainsurgencia en el William J. Perry Center, vinculado al Comando Sur. Vos contás que en ese viaje había distintos funcionarios del gobierno de Cristina Fernández. Y que, entre ellos, estaba Nicolás Márquez, autor del libro sobre Javier Milei y defensor de la dictadura militar. ¿Por qué Márquez y Agustín Laje, dos escritores, propagandistas e intelectuales de la extrema derecha que defienden la dictadura, están más cerca de Javier Milei que de Villarruel, cuando el presidente tomó distancia de esta causa en varias oportunidades?

Por cuestiones personales. Porque por donde ha pasado Villarruel, incluso por la derecha que es donde ella se siente más cómoda ideológicamente, ha dejado muchos conflictos, enemistades, puertas cerradas, malestares, desconfianza. Tanto con Laje como con Márquez, con quien hubo acercamiento y amistad, con quien hubo mucho diálogo, termina todo muy mal. Al punto de que él es uno de sus principales detractores en redes sociales, en entrevistas. Ha incluso destapado algunos secretos que la han incomodado muchísimo. Por ejemplo, el lugar donde Villarruel vivió en 2024. ¿Y dónde vivió? Vivió en El Encuentro, un barrio privado, donde cuesta muchísimo el alquiler, unos 4000 USD mensuales promedio. ¿Cómo lo pagó? Cuando uno analiza cuánto gana y sus declaraciones juradas, los números no cierran. A través de un canal que establecimos para chequear información, ella da su explicación y dice que es con un dinero que ella recibió de su abuela, que decidió gastarlo en un año de alquiler.

Tiene que ver con su protagonismo y con su forma de ejercer el poder. Ella tuvo su cuota de poder durante los años previos a llegar a la política. Tenía presencia internacional, viajaba a la ONU, manejaba una ONG en un micromundo de ONGs —porque hay y hubo varias que representaban a familiares de víctimas de las guerrillas, de hijos de militares presos, etc— donde había mucha puja, internas, divisiones por quién era más importante, quién pesaba más, quién tomaba decisiones. Ella siempre quedaba del lado del conflicto y en soledad. 

En julio del año pasado, hubo una visita de 6 diputados de La Libertad Avanza, el Cura Ravasi y otros personajes a un grupo de represores entre los cuales estaban González, Acosta, Pernías, Guglielminetti. También Guillermo Montenegro, que era mano derecha de Villarruel hasta que la relación terminó mal. ¿Qué participación tuvo ella en la visita a los represores en la Cárcel de Ezeiza? 

Todo indica que esa visita la organizó el cura junto con un grupo de abogados. Lo interesante es que no hay indicio de que Villarruel haya estado vinculada directamente. Ella es pionera en esas visitas, y eso está contado en el libro incluso por testigos directos que iban con ella. En su círculo íntimo, ha dicho que el hecho de que ella no hable de lo que pasa en las cárceles —porque ellos hablan de supuestas violaciones a los derechos humanos de los militares detenidos—, no quiere decir que no esté al tanto. Ella sigue teniendo terminales que le informan qué pasa con los militares detenidos por lesa humanidad. ¿Por qué? Porque hay un grupo de abogados que vienen reclamando en distintas causas, como mínimo, la prisión domiciliaria de muchos de esos militares, que tienen más de 70 años, que están enfermos y que deberían estar detenidos en sus casas; como máximo, según ellos, la libertad.

Hay una estrategia que se armó a fines de 2015, cuando Macri estaba por asumir la presidencia, que se desarrolla durante los primeros meses de 2016. Cuando la dirección del CELTYV era su principal trabajo, Villarruel sostenía que no había que mezclar la causa de los militares detenidos con la de las víctimas de las organizaciones armadas porque todo lo que tuviera un tufillo militar y de lesa humanidad —violaciones a mujeres, torturas, secuestros, privacion ilegitima de la libertad, asesinato— le arruinaba su estrategia. Entonces les ofrecía a personas de otras ONGs incorporarse al CELTYV, siempre y cuando no fueran más a la cárcel a ver a los militares. Mucha gente comprometida le ha dicho que no, que de ninguna manera iban a dejar de ir a ver a los camaradas de su padre, a su marido, etc. Eso también le generó a Villarruel ciertas enemistades. Y a pesar de que ella les pedía eso, en secreto, fue parte de una avanzada para conseguir, como mínimo, las domiciliarias de muchos militares detenidos. Querían ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos con una estrategia diseñada por dos abogados, un matrimonio especialista en derecho internacional ante la CI. No era una estrategia al boleo. Los entrevisté y contaron muchísimo, incluso hasta cuánto le pagaban por hacer este trabajo y cuánto les quedaron debiendo. Porque esto no lo pagaron los militares, lo pagó un benefactor que todavía está en las sombras, que nadie quiere revelar y que ni los abogados que hicieron el trabajo saben quién es. Sí lo sabe Villarruel y un militar, Coronel Auditor del ejército. Disponían de 2500 dólares por mes para que los abogados diseñen tal estrategia. Lograron un par de domiciliarias, y después todo se enfrió. El macrismo tampoco se jugó del todo con esa política y hasta el fallo de la corte del 2×1 se desarmó. Pero ella formó parte de eso y no fue hace tanto tiempo.

Una de las personas que entrevistaste dice que hay un tema moral de fondo entre los hermanos Milei y Villarruel. Ellos saben que la vicepresidenta no aprueba los negocios que hace el gobierno y que esa puede ser su perdición: la corrupción. Ficha limpia se cayó, unos dicen que por el pacto CFK-Milei; otros dicen que Milei tiró abajo el proyecto en defensa propia. ¿Qué podés agregar sobre el tema moral en torno a la corrupción?

Tiene que ver con las sospechas de corrupción y con el hecho de que hay que esperar. Van de la mano. Como si en el entorno de Villarruel, o un sector, estuviera esperando que llegue ese caso que le cueste caro o demasiado caro al gobierno. No sabemos si sucederá, pero es algo que esperan. Ella siempre hace mucho hincapié en que no toca un peso de los argentinos. Dirá el tiempo también si no comete ningún error, pero hasta ahora no lo ha hecho o no ha salido a la luz. Yo lo relaciono mucho con que está a la espera de. No está tranquila, porque del otro lado vienen misiles todo el tiempo, y ella lo sabe. Siempre están esperando que venga un misil más fuerte y tal vez, en algún momento, llegue.

¿Se quedó sin margen de respuesta ante esos misiles?

No, yo creo que tiene respuestas. En la medida en que el gobierno siga cometiendo errores, ella va a tener esa posibilidad. A ella, como contaban algunos consultores como Carlos Fara, le cuesta y le va a costar mucho despegarse de Milei porque ganó con él y está ahí por él. Pero el gobierno está haciendo muchos esfuerzos por ayudarla a despegarse. Entonces, si ella logra capitalizar eso, los analistas van a comenzar a verlo de otra manera. Pero por ahora ven difícil la separación, incluso en la cabeza de los votantes, ¿no? Sin embargo, en el equipo de ella, ven una diferencia. Dicen que la gente muchas veces le grita “¡Aguante, Vicky!”, un aguante que tiene que ver con las represalias de los Milei, del gobierno, de lo que fuera. Se intentó un acercamiento con Santiago Caputo, lo hubo hace pocos meses, y quedó todo ahí porque la persona que se estaba encargando de ese acercamiento termina rompiendo con Villarruel. Otra vez ruptura, conflicto. No hay hoy una persona que pueda acercarse al mileísmo más puro y tratar de entablar alguna alianza o al menos una tregua. 

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