Claudia Pérez Espinosa, docente universitaria y Doctora en Sociología, debe dar una introducción a la obra de Michel Foucault frente a 200 estudiantes cuyo interés académico palidece frente al morbo de verla volver a las aulas, tras un episodio que, viralizado en Internet, la obligó a tomar una larga licencia. Con este punto de partida, Pundonor —una obra calificada ¡con muy buenas razones! por la prensa especializada de “Insuperable” “Hipnótica” y “Genial”— despliega una crítica a las formas transversales de vigilancia, la subordinación al mercado o la sustitución de los cuerpos por avatares virtuales, entre otros problemas. 

Escrita y actuada por Andrea Garrote, quien la codirigió junto a Rafael Spregelburd, lleva ocho temporadas en Buenos Aires, dos en Madrid y varias giras internacionales, además de haber acumulado premios y nominaciones. “Las redes sociales son ese panóptico llevado a algo más molecular, celular”, dice la autora, mientras detalla la cocina de la obra junto a un recorrido por parte de su trayectoria y sus lecturas, y su posición sobre el borramiento de los rasgos culturales propios, frente al avance del cine de plataformas.    

Foto: Sandra Cartasso

¿Cómo escribiste Pundonor y cuándo entró Michel Foucault en la ecuación? ¿De entrada? ¿O en algún momento advertiste que su trabajo cuadraba con lo que querías decir? 

Yo primero sabía que quería hacer un monólogo y quería encontrar una situación que tuviera riesgo del presente escénico, por lo que la idea de la clase teórica me pareció un lugar adecuado. Además tenía algunas imágenes, como la de la profesora universitaria. Y en un momento dije ¡Foucault! y me entró como anillo al dedo, no solo porque lo que él plantea sobre la línea de la normalidad y cómo se te puede volver en contra, sino también por la posibilidad de hacer una crítica de su pensamiento a través de la obra, porque termina como alejando a los intelectuales de la calle. Dice algo así como “aunque no quieras, vos estás reproduciendo un modelo de control social incluso sintiéndote progre”. 

¿Y qué se hace patente con eso?

Que el problema es más escurridizo de lo que uno cree. El poder no está solo en la punta de una pirámide, sino que anda boyando por todos lados. Eso es lo más frustrante y revelador del pensamiento de Foucault para mí.

En algún momento te planteaste “¿Qué diría Foucault de?”

Sí, en Pundonor también surge un poco esta idea de qué pensaría Foucault, por ejemplo, de las redes sociales. Él habló del panóptico, una arquitectura en donde todos se vigilan entre sí. Y bueno, las redes sociales son ese panóptico llevado a algo más molecular, celular. Y sí, es la sociedad disciplinaria la que nos dice cómo debemos comportarnos y cómo debemos ser ante los demás. 

Tu personaje plantea todo esto frente a los estudiantes, pero admite haber usado redes para mitigar la soledad y recibir la atención o el cariño que no puede obtener de otra manera…

El momento donde decide usar las redes a su favor también es visto con ironía, porque ella dice algo así como ¡qué tontería!; hacía esto y mirá lo que pasaba, mirá cómo conseguía likes. Pero no viene a dar cátedra ni a ponerse como alguien frío que cree tener la verdad, porque en el teatro a mí eso no me interesa, no me gusta. Ella es humana y en algún momento obtiene cierta satisfacción y seguridad al conseguir esos likes.

Foto: Sandra Cartasso

¿Cuándo empezó a interesarte la filosofía? Sos de “los franceses”, igual que tu personaje, o preferís otros autores, otras escuelas?

Siempre me interesó la filosofía. Hice algunos cursos, leí, y cuando estudié letras me encontré con los franceses, pero no son de mis favoritos. Sin embargo, reconozco sobre todo a Derrida, porque me interesa su pensamiento, sus libros me encantan. Pero no me considero una filósofa o alguien muy autorizado para hablar de filosofía, soy una lectora o estoy interesada. Lo que pasa es que, bueno, como en esta obra hice este trabajo sobre Foucault y parece que más o menos la pegué, puede haber cierta confusión. Ahora estoy muy copada con María Zambrano que tiene varios libros preciosos y hace filosofía muy poéticamente. Reivindica la unión entre el filósofo y el poeta. Ella escribe mezclando ambas disciplinas y es precioso. Yo leo filosofía o poesía siempre con la humildad de decir “entiendo hasta acá”. Igual eso me llena, es como una comida que me llena de sensaciones y pensamientos y no sé si lo puedo asir y reproducir ni cuáles son todos los ingredientes que tiene. Pero lo que capto me produce bastante placer, me gusta.

Es una obra co-dirigida con Rafael Spregelburd con quien comparten trabajo desde hace mucho. Hablame de esa relación artística.

Y… Rafael es un hermano teatral para mí. Nosotros empezamos en las muestras de teatro del Sportivo escribiendo juntos y, con nuestra primera obra nos fue muy bien, viajamos por todos lados. Entonces empezamos una asociación que sigue; cada tanto hacemos obras como Inferno y La Terquedad, en las que Rafa escribe, dirige y los dos actuamos. Son obras enormes, grandiosas, como es la escritura de él y su relación con el teatro. Creo que la más recordada es La estupidez, que fue una obra que duraba tres horas cuarenta y que hacíamos en el teatro independiente y llegó a abrir festivales internacionales y tuvo muchos premios. La verdad que era una titaneada maravillosa, muy divertida, la gente acompañaba todo ese tiempo. Son situaciones que vistas a la distancia te hacen pensar: qué loco que hicimos esto, qué suerte que tuvimos en la juventud la fuerza del deseo para hacer algo de esta magnitud y calidad artística, con obras de Rafa que comunicaban muy bien y estaban muy llenas de imágenes, de accidentes, de temas imprevisibles.

Foto: Sandra Cartasso

Hiciste, además de teatro, cine y televisión. ¿Cómo ves el presente de estos medios?

Hace un tiempo que cambiaron los paradigmas, porque las series no son como la televisión de aire con 500 mil capítulos, sino lugares en los que uno hace participaciones o puede tener algún personaje, y contienen una hipótesis de trabajo más parecida a la aventura cinematográfica. Por ahí se hacen siete capítulos filmando así, medio sin parar, y con ese mismo compromiso de intensidad. Aprovecho para dedicar unas palabras a lo que es el cine nacional de autor. Creo que es fundamental que podamos entender que necesitamos un cine financiado por el Estado para que no tenga, sobre todo, la impronta de un gerente de una multinacional que viene, por ejemplo, a dictar normas de qué ficciones pueden interesar y cómo deben ser los modos de percepción. Los temas también educan culturalmente, forman comunidad, y entonces siempre es mejor que salgan de los artistas hacia la comunidad, que ese vínculo esté liberado, aceitado. Si se olvida lo local, se va poniendo todo igual, se pierden riquezas culturales y crece la fragilidad comunitaria de universo, de concepción de sí mismo y también de la comunidad sobre sí misma, de Argentina sobre sí misma, de una provincia, de una localidad, se empiezan a lavar los rasgos culturales propios. Si el cine es solo de plataformas, no tiene gran lugar el respeto a una interculturalidad, sino lo contrario, porque hay una empresa que viene a aplastar una identidad.

Para cerrar me gustaría volver Pundonor y a Claudia Pérez Espinosa, cuyo gran interés por las palabras es, evidentemente, también tuyo… 

Sí, de hecho, la palabra “pundonor” es una palabra de las novelas de caballería, de las traducciones españolas que padecemos los latinos, como dice ella, y sí, hay muchas pequeñas aristas de identificación con el personaje. Yo de chica decía “dispense, dispense” y otras palabras no habituales porque me encantaba volverlas a poner en uso. Dejé de hacerlo cuando escuché, al doblar por un pasillo, que me estaban cargando por ser la loca que decía “dispense” en vez de “disculpe”. Pero aquello persiste. Siempre hago una broma: soy de una secta de la glorificación de vocablos vetustos. Me gusta volverlos a la vida. 

PUNDONOR: MARTES 18 Y 25 DE NOVIEMBRE Y MARTES 2 DE DICEMBRE en el TEATRO PICADERO a las 20:30 hs.

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Nancy Giampaolo es periodista, guionista y docente. Colabora en medios gráficos y es columnista del suplemento cultural del Diario Perfil. Publicó Género y política en tiempos de globalismo (Nomos), Radiografía de la corrección política (Casagrande) y Feminismos, liberación o dependencia (GES). Co escribió el guión de la comedia Caida del cielo y, entre 2005 y 2013 hizo guiones periodísticos en la Televisión Pública. Desde 2021 lleva adelante El Lado C, un ciclo de entrevistas con Diego Capusotto en teatros de Argentina y otros países hispano parlantes. 


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