¿Te acordás de la primera vez que escuchaste Bikini Kill? ¿La primera vez que defendiste a Courtney Love en una discusión sobre su relación con Kurt Cobain? La juventud rebelde que es eterna si sos mujer. No por naturaleza, es porque todo el tiempo tenemos que encontrar nuevas maneras de dar las mismas discusiones sobre los lugares que ocupamos. 

Y justo Olivia Rodrigo trae, casi sin proponérselo, una discusión que parece repetirse cada cuatro años ante la costumbre de decretar que el feminismo “ya pasó”. La artista sacó su tercer disco en julio, una referencia al rock noventoso con letras de una chica locamente enamorada y desencadenada al mismo tiempo. Hay una constante durante todo el disco: los 90s, tanto en su estética como en el sonido de Smashing Pumpkins, New Order, y la clara inspiración al movimiento riot grril

No sé vos, pero yo estoy hasta las pelotas de que cada artista venda la idea de que está en la búsqueda de “algo diferente y disruptivo” mientras repite algo prefabricado. Olivia hace algo más interesante y lo cuenta la nota de Pitchfork: reconoce de dónde viene y acompaña su disco con Daisy Chain Fields. Quiere traer un poco de esa rebeldía noventosa al presente, y por eso es necesario que hablemos de su festival.

La artista estadounidense anunció su evento para este 29 de agosto en California, Estados Unidos, con un line-up exclusivamente femenino, donde el 100% de lo recaudado se destinará a organizaciones sin fines de lucro dedicadas a promover y defender los derechos de las mujeres y las niñas. Inspirado en Lilith Fair, un espectáculo que sucedió entre el año ‘97 y el ‘99, co fundado por Sarah McLachlan y Paula Cole, con el fin de derribar el mito de la industria musical que no permitía que suene una mujer después de que ya había sonado otra, en festivales o en radios. En la fecha organizada por Rodrigo participaran Bikini Kill, Chappell Roan, Doechii, Garbage, Katseye, Mitski, The Breeders, entre otras artistas. “El cartel es realmente increíble y está lleno de mis heroínas y amigas. Creo firmemente que la alegría, la comunidad y la música pueden ser motores de un cambio significativo, y tengo esperanza de que este festival sea justamente eso”, dice Olivia.

Rodrigo afirma que hace unos años, era muy popular y genial que las celebridades “hablaran de política” pero asegura que “ya no lo es”. Es acá donde encuentro mi dicotomía con ella, donde encuentro el corazón del debate. La lucha nunca termina, solo se ve obligada a redefinirse y encontrar nuevas maneras de expresarse. En una industria que obliga a ser autorreferencial e inventa nuevos nombres para modas viejas, Olivia retoma una conversación que nunca se salda y cita a sus referentes. La invitación a Bikini Kill o a la mismísima Sarah McLachlan son fundamentales, porque no representan un guiño nostálgico al aesthetic del grunge noventoso; son, en realidad, parte de la genealogía de la cantante y del movimiento. 

En un mundo avanzado por los discursos de odio, la artista dice que el nombre del evento nace de la imagen de mujeres haciendo coronas y pulseras de flores en el que“cada eslabón individual aporta para ser un conjunto”, una reminiscencia a los fanzines repartidos en las filas de los recitales durante los años noventa. Para mi generación, algo similar fue compartir por redes el discurso de Halsey en el MeToo. Ella destaca que “las jóvenes necesitan modelos a seguir que apoyen a otras mujeres y participen de algo comunitario”. Como lo es la militancia de Kathleen Hanna y las canciones de Chappell Roan, claramente dedicadas a mujeres.  

Las entradas para ver a #LasChicas se agotaron el mismo día en que salieron a la venta, así que vamos a recurrir a ejemplos nacionales para acercarnos, porque los estadounidenses no son dueños ni del feminismo ni de la rebeldía. Es más, se quedan cortos cuando hablamos de activismo latinoamenricano. Acá construimos nuestras propias genealogías: entre 1997 y 2007 la banda She Devils organizó el Festival Belladona. “Convocábamos mujeres rebeldes a que llevaran sus expresiones artísticas”, dije Pat Pietrafesa. Hoy ella vende compilados de los fanzines de esos años en distintos eventos y, aunque las conversaciones cambiaron de formato, siguen circulando. 

Después llegaron otras experiencias de otras índoles. Por ejemplo, en el 2023 tuvimos el Festival Equal organizado por Spotify, donde tocaron, entre otras, Marilina Bertoldi y Lali —nuestras chicas rebeldes. Hoy por hoy la empresa está intentando remontar esa faceta. Además de que nuestro under siempre está buscando la manera de sostener las luchas colectivas, el año pasado Fulana Revistaorganizó un evento con artistas emergentes como Fortuna, Francis Amante, Estrella y Fletes Rakel.

La mayoría de nuestras artistas se encargan constantemente de reclamar por nuestros derechos y el lugar que les y nos pertenece. Por eso no fue raro ver a Cazzu dando el discurso de cierre del Ni Una Menos. También vale sumar a los espacios autogestionados, porque seguramente en un local de Morón o un antro de Salta, hay un grupo de pibas organizándose para hacer su propio Daisy Chain Fields.

Todo el tiempo vemos cómo se anuncia el fin del feminismo, que “la moda” terminó, como si un movimiento político fuera un trend de TikTok y no la ideología de las personas que lo militan. La historia demuestra que las discusiones no terminan, solo cambian los contextos, los escenarios; se renuevan las generaciones siempre dispuestas a continuar con los debates y a no abandonar la bandera porque una marca deja de usarla. Claramente Olivia Rodrigo no inventó la pólvora, repite una fórmula que funciona para ponernos (de nuevo) a debatir de dónde venimos y hacia dónde estamos dispuestas a ir. Yo ya te dije, ser mujer es vivir constantemente en rebeldía.


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Agostina Almada es fotógrafa y técnica en producción digital. Trabajó en medios digitales como redactora. Le gusta ser fan.


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